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El martes 9 de septiembre la ofensiva de la
oligarquía boliviana alcanzó un nuevo punto culminante. En Santa Cruz, las
tropas de choque de las bandas fascistas de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC)
tomaron por la fuerza toda una serie de edificios públicos. Primero asaltaron y
saquearon las oficinas del Servicio Nacional de Impuestos, después se
dirigieron a las oficinas de la empresa de telecomunicaciones recientemente nacionalizada,
ENTEL, que también fue saqueada, como lo fueron las oficinas del Instituto
Nacional de Reforma Agraria (INRA). Para conseguirlo tuvieron que luchar contra
la policía y el ejército que seguía órdenes estrictas de no utilizar armas y
que fueron superados por los violentos manifestantes.
En Tarija, un grupo de 50 empleados del
prefecto regional atacaron las oficinas de la Superintendencia de Hidrocarburos
y la asaltaron. Estas acciones se repitieron en Tarija, Beni y Pando, dónde
bandas de matones dirigidas por funcionarios de los prefectos regionales y por
parlamentarios de la oposición, ocuparon el Instituto de Reforma Agraria
(INRA), los peajes de la autopista, las oficinas de aduanas, aeropuertos, etc.
En Santa Cruz, después de asaltar varias oficinas
gubernamentales se fueron a aquellos medios de comunicación que no están
controlados por la oposición de derechas. Saquearon y destruyeron el
equipamiento de las oficinas de Radio Patria Nueva (a las que prendieron fuego)
y de la Televisión Boliviana Canal 7. También forzaron a la emisora de radio
comunitaria Radio Alternativa a dejar de emitir. Unos días antes, cuatro
emisoras de radio de Cobija, en Pando, también fueron obligadas a dejar de
emitir.
Aparte de ocupar edificios públicos y
medios de comunicación, la ofensiva de la oligarquía también tuvo como objetivo
las organizaciones de masas de los trabajadores y campesinos. El jueves 4 de
septiembre incendiaron la casa del secretario ejecutivo del Sindicato de
Trabajadores Departamentales (COD) en Santa Cruz, en medio de la noche,
mientras en la casa dormían él, su esposa y sus cinco hijos. También fueron
saqueadas e incendiadas las oficinas de la ONG por los derechos de los
indígenas CIJES en Santa Cruz y las oficinas de la Confederación de los Pueblos
Indígenas de Bolivia (CIDOB). Finalmente, en Santa Cruz, estos grupos de
matones armados ocuparon varias plazas públicas y mercados callejeros en zonas
de fuerte apoyo al MAS.
Como parte de esta ofensiva también hubo
un ataque a un oleoducto de gas en la frontera con Argentina y la ocupación de
un campo gasífero en Chuquisaca, que según algunas informaciones amenazaron con
cortar las exportaciones de gas a Brasil y Argentina, provocando un serio daño
a la economía boliviana.
Estas no fueron una serie de "acciones
espontáneas", sino más bien parte de un desafío bien preparado y coordinado
contra el poder del gobierno de Evo Morales. Estas acciones se discutieron y
decidieron el 4 de septiembre en la reunión de CONALDE (una coalición de
gobernadores de la oposición y presuntos comités "cívicos", en la práctica, el
alto mando de la oligarquía). El ganadero, terrateniente y jefe del grupo del
partido de la oposición PODEMOS en el parlamento, Antonio Franco, aplaudió
públicamente la ocupación de los edificios públicos en Santa Cruz.
También estaba implicada la mano peluda
de los EEUU. Rompiendo todo protocolo diplomático, el embajador norteamericano
Goldberg el 25 de agosto tuvo una reunión a puerta cerrada con uno de los
principales dirigentes de la oposición, el prefecto de Santa Cruz Rubén Costas.
Una semana más tarde también se reunió con la gobernadora opositora de
Chuquisaca, Sabina Cuellar. Según los artículos aparecidos en los medios de
comunicación bolivianos, también se reunió con los prefectos de Tarija, Beni y
Pando. El rico terrateniente Branko Marinkovic, jefe del Comité Cívico de Santa
Cruz y uno de los principales representantes de la oligarquía, también hizo una
visita a EEUU la semana pasada. No hace falta ser un científico nuclear para ver
que se trata de una repetición de la historia del golpe en Venezuela en abril
de 2002 y el golpe contra Allende en Chile hace hoy treinta y cinco años.
Muy correctamente, el miércoles 10 de
septiembre, Evo Morales declaró al embajador norteamericano Goldberg personan
non-grata y dio órdenes al ministro de asuntos exteriores, Choquehuanca, que le
pidiera abandonar el país. Sin embargo, la expulsión del embajador
estadounidense por sí misma no detendrá la conspiración golpista.
La
postura de Brasil
Según algunos informes, el cierre de una
válvula de gas en Tarija el miércoles 10 de septiembre por parte de la
oligarquía, provocó un aumento de presión que reventó el gaseoducto. El
presidente de la empresa estatal de gas, Ramírez, declaró que como resultado de
esta situación, las exportaciones de gas a Brasil se redujeron un 10 por
ciento, a 27 millones de toneladas cúbicas diarias. Bolivia suministra a Brasil
el 50 por ciento de su gas.
El ministro de exteriores brasileño,
Celso Amorim, en una declaración escandalosa, dijo que si el gobierno de Evo
Morales no era capaz de garantizar el suministro de gas a Brasil, entonces
estaría dispuesto a entrar en negociaciones directas con los prefectos
regionales opositores.
Esto significaría que Brasil reconoce de
facto la independencia de estas regiones orientales y dejaría de reconocer al
gobierno boliviano. El presunto gobierno de "izquierdas" de Lula, una vez más,
está realizando el sucio papel de agente del imperialismo norteamericano.
La
respuesta del gobierno
Evo Morales y otros ministros de su
gobierno, muy correctamente, describieron estos movimientos como un golpe.
Desgraciadamente, han respondiendo haciendo un llamamiento a la legalidad
burguesa. El ministro de la presidencia, Juan Ramón Quintana, declaró que el
"fiscal debe emprender acciones contra los responsables y llevarlos ante un
tribunal". El pequeño problema es que el fiscal del estado en Santa Cruz
responde a los intereses de la oligarquía.
Según noticias que hemos recibido de
Santa Cruz que el gobierno ha pedido a las organizaciones de masas que detengan
sus planes de bloquear las carreteras en Santa Cruz contra la oligarquía, y los
dirigentes locales del MAS no están dando ninguna dirección al movimiento. El
ambiente entre los seguidores del MAS es de furia. Incluso sectores importantes
de la clase media de Santa Cruz se quejan en llamadas telefónicas a la radio
por la falta de acción del gobierno frente a estos actos violentos e ilegales.
Esta es una situación muy peligrosa. La
ofensiva de la oligarquía no se puede combatir dentro de los límites de las
instituciones democráticas burguesas, que la oligarquía ya ha demostrado que no
tiene intención de respetarlas. Saben que son una minoría, como demostró
claramente el referéndum revocatorio del 10 de agosto. Evo Morales ganó con más
del 67 por ciento de los votos venciendo en 95 de las 112 provincias del país.
Por eso han recurrido a métodos violentos e ilegales, utilizando todo su poder
económico y político (en las gobernaciones regionales) para socavar y
finalmente derrocar al gobierno de Evo Morales.
La oposición en Bolivia representa los
intereses de los grandes grupos empresariales, el sector bancario y los grupos
agro-capitalistas en alianza con las multinacionales extranjeras y el imperialismo
norteamericano. Temen perder importantes parcelas de su poder económico y
político. Creen que ya han perdido el control del gobierno central y son
conscientes de que la aprobación de la nueva constitución (para lo que ha
convocado el gobierno un referéndum el próximo 7 de diciembre) podría ser el
principio de una reforma agraria que afectaría seriamente a sus propiedades.
Desde su punto de vista lo que está en juego es muy importante y no han dudado
en utilizar todos los medios a su disposición, legales e ilegales.
El
problema es que los dirigentes del MAS y el gobierno quieren utilizar sólo
métodos estrictamente legales e institucionales. La
lucha de clases no es como un juego de ajedrez, donde los oponentes se atenien
a las reglas del juego. Se parece más a un combate de boxeo donde tu
contrincante está utilizando todo tipo de trucos sucios y también controla al
árbitro. Si el gobierno del MAS quiere continuar jugando al ajedrez, mientras
la oligarquía está luchando un combate de boxeo, está claro quién va a ganar.
Es
el momento de contraatacar
Como dijimos en un artículo anterior:
"Es el momento de tomar medidas decisivas
contra la oligarquía. Si ellos sabotean la distribución de alimentos en contra
la voluntad democrática de la población, entonces su tierra, ranchos, plantas
procesadoras de alimentos y empresas de transporte deberían ser ocupadas por
los campesinos y trabajadores y deben ser expropiadas por el gobierno. Si ellos
ocupan los campos de gas y petróleo, como han amenazado, entonces los trabajadores
y campesinos deben recuperarlos (como en Venezuela) y ponerlos bajo el
control de los trabajadores. Si bloquean las carreteras, los trabajadores y
campesinos deben organizarse parar reabrirlas". (Bolivia: una nueva ofensiva de
la oligarquía, las masas responden en las calles. 23/8/08.)
Frente a la pasividad de los
representantes del gobierno, las organizaciones de masas deben tomar la
iniciativa. La reunión de la Coordinadora Nacional de Organizaciones por el
Cambio (Conalcam) celebrada la semana pasada en Santa Cruz, decidió realizar
bloqueos de carreteras en Santa Cruz y una marcha nacional al parlamento. Estos
planes deben adelantarse y ponerse en práctica de inmediato.
En Santa Cruz, el Movimiento Marcelo
Quiroga Santa Cruz, ha hecho un llamamiento a la Central Obrera Departamental
(COD), a las organizaciones campesinas y vecinales, para celebrar un cabildo
abierto en el Plan 3.000 y comenzar a organizar la respuesta de las masas
contra las bandas fascistas. En Potosí, los compañeros de la Corriente Marxista
Internacional - El Militante, están intentando organizar una reunión de
urgencia de la COD con la presencia de todas las organizaciones de masas para
coordinar una respuesta efectiva.
La oligarquía es una minoría, pero está
bien armada, financiada y está a la ofensiva. El gobierno, por otro lado, se le
ve actuando de una manera débil, sin responder a estos ataques. Este hecho puede
tener un efecto desmoralizador sobre las masas de trabajadores y campesinos que
apoyan al MAS y al gobierno. La única manera de contrarrestar el golpe
oligárquico que vemos ante nuestros ojos es a través de la movilización de
masas de la población en las calles.
La Confederación Obrera Boliviana (COB) y
las organizaciones campesinas e indígenas deberían organizar cabildos abiertos
en todas las ciudades y áreas rurales para discutir el golpe que se está
desarrollando. En estas reuniones se deberían organizar asambleas populares y
comités de autodefensa para defender a las organizaciones obreras y campesinas,
para limpiar las calles de bandas fascistas. Deberían exigir la aprobación
inmediata de un decreto de expropiación de las propiedades y riquezas de todos
aquellos que colaboran, participan y financian el golpe de la oligarquía. La
implantación de este decreto no debería dejarse en manos de los fiscales,
jueces y oficiales de policía, en la mayoría de los cuales no se puede confiar,
sino que debería ser llevado a cabo directamente por las organizaciones obreras
y campesinas bajo la autoridad de las asambleas populares de masas.
Las masas de trabajadores y campesinos en
Bolivia han demostrado su coraje y determinación revolucionaria durante estos
últimos años y a través de la historia. Pueden en cuestión de días barrer a un
lado a la clase dominante, si están armados con un programa claro y organizados
con un plan de lucha preciso. En Abril de 1952, los mineros solos
aplastaron al ejército burgués y tomaron el poder. Esa hazaña se puede repetir.
La amenaza es muy seria. No es el momento de las vacilaciones, es el momento de
contraatacar y destruir el poder económico y político de la oligarquía.
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