¿Ya pasó la crisis económica? Y a Bolivia ¿le fue bien?
escrito por El Militante
jueves, 16 de julio de 2009
En las anteriores semanas [julio de 2009] el
viceministro de Inversión Pública, Javier Fernández polemizó con la Comisión
Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL, agencia UN) la cual
pronostica una caída al 3% del Producto Interno Bruto nacional (PIB, la riqueza
producida) en el 2009. Fernández afirmaba la
crisis para Bolivia nos afecta en la medida que bajen los precios de las
materias primas. Si bien esos precios han bajado, se están recuperando y
entonces no va a haber tantos problemas. Por otro lado el Ministro de
Hacienda Luis Arce comentando la caída del 9,2% de las remesas (los giros de
nuestros compatriotas que trabajan en el exterior que entran en la economía
nacional) afirmaba tranquilo que nuestras finanzas no dependen de aquello,
cuando en realidad este representa aproximadamente el 50% de las Reservas
Internacionales Netas (RIN), es decir el dinero que se ha acumulado en los
últimos años en las cajas del Estado gracias al aumento de las exportaciones y
las propias remesas. Pues ¡todo bien entonces! La tempestad ha pasado y podemos
estar tranquilos, pero nosotros los marxistas, acostumbrados al pensamiento
crítico, nos preguntamos ¿Cuál es el mensaje de las autoridades económicas del
gobierno? ¿Esta recuperación de la cual se habla es real?
Forma…
En Abril el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha
publicado un informe en el cual revisaba a la baja todas sus anteriores previsiones
afirmando que la crisis que vivimos es la peor desde la segunda guerra mundial. En este informe se pronosticaba un
crecimiento para Bolivia del 2,2%, lejos del 5% augurado por el gobierno y
lejísimo del crecimiento económico necesario para impulsar políticas efectivas
de desarrollo y contraste a la pobreza. El FMI y la CEPAL son instituciones
financieras internacionales que promueven una inquebrantable confianza en el
capitalismo. Hasta enero de este año sus previsiones se movían en el marco de un
relativo optimismo que los datos de la economía real han despedazado. En el
primer trimestre del 2009 el PIB de EEUU ha caído de un 6,1%, en Japón de un
11% y en la Unión Europea de un 7%. La Organización Mundial del Comercio (OMC)
prevé que el comercio mundial caerá a un 2% este año cuando sería necesario que
se incremente de un 8% para sostener una leve recuperación de la economía.
Obvio que frente a semejante situación todas las instituciones burguesas sean
obligadas a aceptar la realidad de la crisis. Nuestro país sigue siendo todavía
un país capitalista, aunque atrasado, donde la producción sigue controlada y
sometida a las reglas del capitalismo también en aquellos sectores, como el
gas, que han sido intervenidos por el Estado. De hecho pese a la nacionalización
las multinacionales del gas siguen determinando los volúmenes de hidrocarburos
producidos. Entonces las palabras tranquilizadoras de Ministro de Hacienda o
del Viceministro de la Inversión Pública se traducen así: hay o ha habido
crisis pero el capitalismo boliviano es sano. Es bastante singular que
instituciones financieras burguesas reconozcan los efectos devastadores de la
crisis y los técnicos y dirigentes de nuestro proceso de cambio al socialismo ¡defiendan
el capitalismo nacional! Esto confunde las bases y puede provocar el
alejamiento del pueblo trabajador que vive la realidad de la arremetida
empresarial que pretende cargar sobre sus espaldas los costos de la crisis. Hay
que modificar esta actitud, reconocer la crisis y hacer de esta la ocasión para
educar nuestro pueblo a la necesidad de superar el capitalismo e introducir
medidas que vayan en la dirección de profundizar hacia el socialismo nuestro
proceso de cambio.
…y contenido
Los hechos son siempre obstinados y dicen más de mil
palabras. Los indicadores económicos nacionales de la primera parte de este año
contradicen de frente las aseguraciones de los economistas del gobierno. En
enero las exportaciones bajaron de unos 170 millones de dólares, esta tendencia
se ha ahondado hasta abril con la pérdida de un total de aproximadamente 700
millones de dólares y una caída del 29% en el valor total de las exportaciones.
La caída en el solo sector de los hidrocarburos fue del 27% con una merma de
355 millones de dólares. Según el Instituto Boliviano del Comercio Exterior
(IBCE) y la Cámara de Exportadores de La Paz (CAMEX) estos datos ponen en
peligro ¡13.500 fuentes de empleo! IBCE y CAMEX son instituciones vinculadas a
la oligarquía que quieren sembrar pánico, pero son también organizaciones
representativas de los empresarios por lo cual sus amenazas son algo muy real. Hasta
el mes de mayo se ejecutó solo el 15,4% de la inversión pública presupuestada,
lo cual pese a la justificaciones oficiales se explica principalmente por la
incertidumbre ocasionada por continuos recortes al PGN del 2009, determinados
por los efectos de la crisis. Finalmente aunque se nos quiere tranquilizar
sobre la buena voluntad de las multinacionales de acompañar como socios a la
par el desarrollo nacional la realidad es que la inversión extranjera neta – en
su mayoría orientada a los sectores de los hidrocarburos, minería y
agropecuario – cayó de un 35% en la primera parte del 2009. Sin inversiones no
hay recuperación, sin recuperación las tasas de crecimiento caen y miles de
empleos están en vilo.
¿Una recuperación
al horizonte?
Lo antedicho sería suficiente a justificar la
necesidad de un giro profundo en la política económica que aproveche de la
crisis del capitalismo para construir de manera firme una alternativa a este
mismo sistema hambreador. En cambio como decimos antes hay fuentes
gubernamentales que invitan a confiar en la recuperación de los precios de las
materias primas en el mercado mundial como solución a las dificultades que vive
el país. Hay realmente una recuperación – aunque floja – de los precios de
minerales e hidrocarburos, pero nos preguntamos ¿se trata de verdad de señales
que la crisis ya acabó? Para que el aumento de los precios de las materias
primas sea duradero deberíamos contar con un aumento de la demanda y una
general recuperación de la economía. Los volúmenes de gas exportado han subido
de 30 a 40 millones de metros cúbicos diarios en el último mes pero solo porque
el invierno – este año muy frio – hace aumentar el consumo de combustible
domestico. De hecho en Brasil, el principal importador de gas boliviano, una
reciente encuesta aclaraba como el 90% de las empresas ha despedido o quiere
despedir trabajadores por la crisis. El precio del petróleo ha subido de 39 a
70 dólares en las últimas semanas, un aumento determinado por pura especulación
financiera. Los mares están llenos de buques de carga llenos de petróleo que no
se entrega por el miedo de provocar una caída de precios. La Agencia
Internacional de la Energía preveía una caída del consumo diario de petróleo de
87 a 84,7 millones de barriles a principio de este año. Sin embargo la demanda
mundial de petróleo ha bajado a aproximadamente 83 millones de barriles diarios
frente a una producción diaria reducida a aproximadamente 85 millones de
barriles diarios por un acuerdo entre los países productores (organizados en la
OPEC). Si la demanda disminuye ¿Por qué el precio aumenta? Porque los mismos
especuladores financieros que fueron el detonador de la crisis están jugando
con el precio del petróleo, como puede averiguar cualquiera buscando en
internet la palabra contango que es
el término con el cual se indica esta actividad especulativa. Los gobiernos de
los países avanzados están preocupados por este aumento ficticio del precio del
petróleo porque esto modera y afloja la recuperación económica, con la
consecuencia de aseverar la crisis. El leve incremento del precio de las
materias primas no es entonces señal que la crisis ha acabado, al contrario
echa sombras aun más obscuras al horizonte y demuestra como el capitalismo
sigue sembrando barbarie y desastres.
¿Devaluar la moneda nacional?
La caída de las exportaciones bolivianas, muy
pronunciada en sectores como la manufactura y la industria en general, provoca
consecuencias potencialmente desastrosas. Mientras que las exportaciones
disminuyen las importaciones se incrementan de un 50%, sobre todo porque el
saboteo productivo de las multinacionales nos obliga a importar más combustible
de Chile y Argentina. Este fenómeno erosiona las Reservas Internacionales Netas
cuyo consistente monto ha permitido al país resistir al contagio financiero de
la crisis mundial. Las organizaciones empresariales insisten en la necesidad de
devaluar la moneda nacional para reactivar las exportaciones y hacerla más
competitivas. Una devaluación del peso boliviano pero ocasionaría una perdida
mayor del poder adquisitivo de salarios, rentas y bonos. El gobierno apostando
como los especuladores sobre la recuperación del precio de las materias primas
asegura que semejante medida no es ni siquiera tomada en cuenta. Sin embargo si
la tendencia al aumento de las importaciones y la disminución de las
exportaciones se acentúan pues la devaluación se haría casi inevitable bajo las
leyes del capitalismo con consecuencias sociales desastrosas.
¿Qué alternativa?
Reiteramos: la única respuesta realística y efectiva
a la crisis es utilizarla como ocasión para la profundización hacia el
socialismo de nuestro proceso de cambio. Si se completase la nacionalización de
los hidrocarburos pues podríamos aumentar la producción y poner un alto al
aumento de las importaciones. Nacionalizando bancos y grandes empresas se
concentrarían los recursos necesarios para industrializar el país y acabar
definitivamente con el saboteo económico de la burguesía nacional y del
imperialismo. El MAS y el gobierno deberían ver en el despertar de la lucha de
clase que se expresa de un lado al otro del país la ocasión para involucrar a la
clase trabajadora en el actual proceso. Una ley que impida cualquier despido en
este momento y obligue a estabilizar los trabajadores a destajo, plazo fijo o
eventual que representan un promedio del 53% de la fuerza laboral empleada en
el sector privado y la definitiva abrogación del 21060 serian una señal fuerte
en este sentido. Sin embargo parece todavía que los trabajadores y sus
reivindicaciones sociales, como la Ley de jubilación por ejemplo, son recibidos
con molestia como indebidas presiones. Incluir en cambio a los trabajadores y
contar con su participación activa, consciente y determinante en los procesos
de decisión sobre economía y política es lo que hace la diferencia entre el
capitalismo y el socialismo comunitario que queremos construir.