La revolución en Portugal. El derrocamiento de la dictadura y el movimiento obrero
El 25 de abril se conmemora el
35º aniversario de la Revolución de los Claveles, cuando la
insurrección de los obreros y soldados de Portugal puso en la picota al
capitalismo en ese país, generando uno de los procesos revolucionarios
más profundos y avanzados de la historia mundial. Aprovechamos para
publicar un texto de Ted Grant sobre este tema, escrito en mayo de
1975, cuando aún el proceso revolucionario estaba en su apogeo.
Tras
casi medio siglo de dictadura fascista, la revolución en Portugal abrió
una nueva etapa de la revolución europea y mundial. Comenzando como un
golpe o pronunciamiento militar ha demostrado las reservas inagotables
de fuerza y resistencia que existían dentro de las filas de la clase
obrera debido a su papel en la sociedad.
A
pesar del control de la radio, la televisión, la prensa, la Iglesia y
las escuelas, el sistema totalitario se desmoronó. La corrupción y la
opresión afectaron al régimen, debilitándolo y socavándolo. Debido a
la situación del proletariado en la sociedad, su trabajo colectivo en
las fábricas e industrias, su lucha colectiva contra los empresarios;
es casi inherente a él la idea de organización, de lucha y una
organización diferente de la sociedad. Después de más de dos
generaciones de dominio de los burócratas estalinistas, podemos estar
seguros de que en Rusia los primeros grandes acontecimientos
despertarán a los trabajadores rusos y que éstos recuperarán sus
extraordinarias tradiciones. Se sacarán de encima a la casta
parasitaria de burócratas, con la misma facilidad que las masas
portuguesas entraron en acción con la caída del gobierno de Caetano.
Ya
las masas húngaras en 1956 demostraron con su revolución política el
vacío y la falta de realidad del poder de los burócratas, una vez
que las masas pasan a la acción. Cuando las masas entraron en
movimiento, la burocracia rusa y la de los otros Estados estalinistas,
demostraron su patética incapacidad e insuficiencia. Su poder actual,
como el de la clase capitalista, depende de la inercia de los
trabajadores y campesinos.
El
miedo que el imperialismo norteamericano y la burocracia rusa tienen al
movimiento de masas, que amenaza con minar completamente el status quo, no es la última consideración en los intentos de distensión entre ambas potencias.
Como
le ocurrió a EEUU en Vietnam, la interminable guerra colonial en África
socavó el ejército portugués. Quince años de guerra contra los
implacables movimientos guerrilleros campesinos en Mozambique, Angola y
Guinea, hicieron perder al régimen los últimos sectores que lo apoyaban.
La
débil economía portuguesa no podía aguantar el drenaje de recursos. La
pequeña burguesía y el proletariado sufrían la peor parte. Sólo las
"siete familias", los bancos y el capital monopolista se beneficiaron
del caos sangriento.
Debido
a la interminable guerra, nadie estaba entusiasmado con la posibilidad
de obtener cargos militares en las fuerzas armadas y, como
consecuencia, un gran número de suboficiales eran estudiantes
uniformados.
La
misma oleada de radicalización que se ha reflejado en los estudiantes
de todos los países en el último período también ha alcanzado a España
y Portugal. Por esa razón en Portugal llevaban su radicalismo dentro
del uniforme.
El
25 de abril de l974, en el momento del golpe, la única sección del
aparato del Estado en la que podía confiar el régimen era la policía
secreta, atada al régimen por el terror debido a sus crímenes
sangrientos contra la población.
Las
condiciones señaladas por Lenin y Trotsky para el desarrollo de la
revolución existían meses antes de la caída del régimen. Las huelgas de
masas ¾a pesar de ser ilegales¾
del proletariado, especialmente en Lisboa. El malestar de los
campesinos y la pequeña burguesía. Agitaciones estudiantiles y el
intento de la clase gobernante de salvarse con "reformas" sin sentido
que agravaban aún más la situación.
Todas
las condiciones para una explosión estaban madurando. Pero la
peculiaridad de la revolución portuguesa, lo que indica la madurez e
incluso exceso de madurez del capitalismo para la revolución ¾revelándose primero en sus eslabones más débiles¾
fue que en sus primeras etapas estuvo dirigida por oficiales de bajo o
medio rango, y lo más significativo, de todos los sectores de las
fuerzas armadas: tierra, mar y aire.
Es
cierto que en la Península Ibérica existe una tradición de golpes de
Estado llevados a cabo en diversos momentos y por los diferentes
sectores de las fuerzas armadas, republicanos y monárquicos
reaccionarios. Pero una de las diferencias es que debido a la presión
de las contradicciones engendradas durante dos generaciones de fascismo
y la invencible guerra colonial, la mayor parte de los oficiales se
habían posicionado contra el régimen.
El descontento explosivo y el deseo de encontrar una salida ¾evidenciando la división en el seno de la débil clase dominante¾
se manifestaron en el libro del General Spínola en el que defendía una
forma peculiar de Federación Lusitana con las colonias, en realidad una
forma distinta de barajar el mazo de cartas pero con el control firme
en manos portuguesas. La negativa a hacer la más mínima concesión ¾ni siquiera destituir de sus puestos a Spínola y Costa Gómez¾ y la ciega obstinación del régimen ayudaron a precipitar la conspiración: se formó el MFA (Movimiento de las Fuerzas Armadas).
En
Italia, en 1943, la destitución de Mussolini y la llegada al poder de
Badoglio precipitaron el movimiento de masas y la creación de soviets
en sólo veinticuatro horas.
Lo
mismo ocurrió en Portugal. El derrocamiento de Caetano precipitó el
movimiento inmediato de las masas y la intervención en la escena de la
historia del joven proletariado portugués. Si no se formaron los
soviets fue por la política de la dirección de los partidos comunista
(PCP) y socialista (PSP). El MFA defendía vagamente una cierta forma de
"democracia" ¾democracia burguesa¾ y en realidad no tenía un programa claro, y en esa etapa aún menos tenía un programa social.
Pero
la salida a la calle de las masas cambió la situación. Esto se ha
podido ver siempre en el curso de una revolución, y también lo veremos
en el futuro.
El movimiento de las masas produjo la confraternización con la base de las fuerzas armadas -soldados, marinos y aviadores¾,
trabajadores y campesinos uniformados. Los soldados apoyaban las ideas
del socialismo y comenzaban a presentarse abiertamente como militantes
del PCP y del PSP, incluso una minoría se adhirió a grupos
ultraizquierdistas. Los generales, almirantes y comandantes de la
Fuerza Aérea, las capas superiores de la oficialidad habían perdido el
control de la situación.
Si
hubiera existido un partido revolucionario de masas, habría sido
completamente posible organizar soviets y el proletariado podría haber
tomado el poder rápidamente y sin dificultad. No existían fueras que pudieran oponérsele.
Qué
esta era la situación se pudo ver el 1º de Mayo, días después del
colapso del régimen de Caetano, cuando más de millón y medio de
personas participaron en la manifestación. (¡Esa era la consecuencia de
cincuenta años de sistemática "erradicación" del marxismo!).
Prácticamente
toda la población adulta de Lisboa y de otras zonas limítrofes debía
estar presente. Los soldados, marineros y aviadores se manifestaron
junto con los obreros. Era imposible en aquel momento emprender ninguna
acción contra el movimiento de los trabajadores. Los dirigentes del PSP
y PCP se limitaron simplemente a adular a sus libertadores: la casta de
oficiales. Al igual que sus hermanos, la casta burocrática de los
países estalinistas, la dirección del PCP no ha aprendido nada de los
acontecimientos de la última época y ha olvidado todo. Los dirigentes
de esta generación de estalinistas y reformistas, no han aprendido nada
de las enseñanzas de Marx y Lenin.
En
realidad son el freno más conservador para el desarrollo de la
revolución. Desprecian a las masas, las consideran "ignorantes" y
"dóciles", no son capaces de llevar a cabo la revolución y de ahí su
búsqueda de aliados burgueses.
Sin
perspectivas y sin una teoría elaborada de la revolución o de los
procesos revolucionarios, su solución a todos los problemas es intentar
algún tipo de acuerdo con los verdaderos amos de la sociedad, la
burguesía liberal. No quieren ni tienen confianza en la
revolución socialista, en el sentido de la Revolución de Octubre de
1917 en Rusia, con el control de las masas, con una genuina democracia
obrera o la dictadura del proletariado. Están orgánicamente unidos a la
burguesía liberal y en el caso del PCP también a la burocracia
estalinista rusa.
El MFA y los dirigentes obreros sin perspectivas
La
peculiaridad fundamental de la revolución portuguesa fue que la
insurrección inmediata empezó como un movimiento de las fuerzas
armadas. Después las masas se echaron a la calle para ajustar cuentas
con la policía secreta. En Rusia fue un movimiento de masas el que
afectó al ejército. Cuando la policía tuvo que huir se llamó al
ejército para restablecer el orden. La gran mayoría de los oficiales
permanecieron leales al zarismo. La rebelión afectó a las filas más
bajas del ejército, incluidos muchos suboficiales que se pasaron a la
revolución victoriosa.
Pero
el movimiento de masas y la relajación de la disciplina en las fuerzas
armadas significaba que la situación en Portugal, como luego
demostraron los acontecimientos, era incluso más favorable que en
febrero de 1917 en Rusia.
Lenin
explicó que la entrega del poder después de febrero a la burguesía
liberal fue una cuestión de la conciencia en las masas. Además estaba
el problema de la guerra con Alemania, que los mencheviques y social
revolucionarios podían utilizar como una amenaza a la revolución. Pero
Portugal estaba envuelto en una agresiva guerra colonial para mantener
la esclavitud del pueblo africano, además era una guerra que tenía
lugar lejos, en un continente diferente. ¡El principal impacto de la
guerra era el mayoritario deseo de salir!
Por
otra parte, la situación internacional era mucho más favorable. El
corrompido régimen de Franco no podía intervenir por miedo a provocar
un movimiento entre las masas españolas. Durante la II Guerra Mundial,
la División Azul (española) luchó en el Frente del Este. En Portugal
Franco no se atrevió a intervenir ni siquiera con una división. El
imperialismo mundial se había pillado los dedos al intentar aplastar
los movimientos de los pueblos coloniales. Pero si el régimen
bonapartista español no podía intervenir, la situación era aún más
desfavorable para las potencias imperialistas europeas y no europeas.
En el sentido de la correlación mundial de fuerzas, el agotamiento del
capitalismo y la debilidad del poder burgués en comparación con la
fuerza potencial de la clase obrera mundial, la revolución portuguesa
estaba y está en una posición mucho más favorable que- la Revolución
Rusa y las revoluciones del período entreguerras o de la inmediata
posguerra.
Las
filas de las fuerzas armadas apoyaban la revolución. Habrían respondido
inmediatamente a la creación de soviets o "juntas" obreras con la
creación de soviets de soldados. Habrían respondido a la agitación de
los principales partidos obreros, especialmente del PCP, para que
entraran en acción.
La
verdadera peculiaridad de la Revolución Portuguesa en comparación con
cualquier otra revolución del pasado es la implicación de la masa de
oficiales bajos y medios ¾incluso algunos generales y almirantes¾ en la revolución.
Si
el poder del Estado como han explicado Marx y Lenin se reduce al
control de cuerpos de hombres armados, entonces la decadencia del
régimen portugués se mostraba con toda su desnudez. La burguesía se lo
jugó todo a la carta de la represión feroz y totalitaria de las masas.
Más de dos generaciones sufrieron sus consecuencias, la burguesía
perdió todo el apoyo de la clase media y, por contagio, incluso el de
una gran parte de la casta de oficiales. La guerra sin sentido en
África jugó un papel importante, pero no es la única explicación. La
masacre aún más lunática perpetrada durante la guerra de 1914-18 no
hizo que la casta de oficiales (rusos) abandonara mayoritariamente al
zarismo. No dudaron en pasarse al lado de la contrarrevolución y apoyar
las guerras de intervención contra su propio país.
En
1918 la revolución alemana se encontró con la oposición del grueso de
la oficialidad. La contrarrevolución de Hitler contó con el apoyo de la
abrumadora mayoría de los oficiales.
En
la revolución española de 1931-37, el 99 por ciento de los oficiales se
pasaron al bando de Franco. Y aún más cerca, en 1926 la inmensa mayoría
de la casta militar apoyó a Salazar.
En
el péndulo político ha habido un giro enorme a la izquierda. Durante
tres décadas, la pequeña burguesía ha ido girando más a la izquierda ¾como demuestra el movimiento estudiantil¾.
En Portugal el callejón sin salida del capitalismo y el odio hacia las
camarillas del capital monopolista que acuñaron su dinero con la sangre
y el sufrimiento de la población y los soldados, se ha reflejado en el
aislamiento de los círculos más ricos. Ellos apoyaron y se beneficiaron
hasta el último momento del régimen totalitario. El odio hacia estos
parásitos se extendió a sectores de la oficialidad. Esto es una
indicación de que el capitalismo ha agotado su misión histórica y se
ha convertido en un obstáculo cada vez más importante para la
producción. En Portugal, como demuestra el desafortunado episodio de
Spínola, incluso el Estado Mayor estaba dividido.
El
régimen estaba tan podrido que realmente la revolución fue incruenta.
La mayoría de las víctimas después de la caída de Caetano se produjeron
por asesinatos desesperados y vengativos de la PIDE, la policía secreta
portuguesa, que no veía más futuro que una celda o una bala.
Las
masas intervinieron inmediatamente para quitarlos del medio, eliminando
cualquier posibilidad de reagrupamiento y reconstrucción por su parte.
El régimen de Caetano murió sin defensa popular, ni siquiera entre las
clases medias.
Sin
embargo, la ceguera, la falta de perspectiva, de programa y de una
política clara por parte del MPA, se hizo evidente con la entrega
inmediata del poder a Spínola ¾¡ante la insistencia de su amigo Caetano!¾
Sin
la intervención y la presión del movimiento de masas de la clase
obrera, que había afectado a las filas de las fuerzas armadas, la
revolución se habría extinguido. La principal fuerza de la revolución en Portugal fue el movimiento de masas.
Esto ha tenido su efecto en la tropa e incluso en las capas medias y
superiores del ejército. La reacción se reunió alrededor de la figura
del nuevo presidente Spínola. Él no había participado en la
conspiración por que era un hombre conectado, por su matrimonio, con
los monopolios y él mismo contaba con una gran riqueza, por eso esperó
prudentemente los resultados.
¡Las manifestaciones y el movimiento en las calles demostraban ¾con la liberación del "populacho"¾ que las cosas habían ido demasiado lejos!
Spínola
decidió frenar a las masas y se preparó para capear el temporal de la
revolución. No tenía intención de abandonar el dominio de las colonias
africanas, lo que intentaba era mantener el control imperialista
portugués pero de una forma disfrazada. Más tarde, cuando la lucha se
hizo visible, el general de brigada Gonçalvez reveló que Spínola había
amenazado con pedir a Sudáfrica y a EEUU ¡qué intervinieran con sus
ejércitos en las colonias africanas!
Sin
embargo, debido al tomentoso movimiento de masas en una serie de
huelgas y manifestaciones espontáneas contra los bajos salarios y las
terribles condiciones laborales en Lisboa, y con el vacío de poder
debido a la inexistencia de partidos burgueses organizados, Spínola no
tenía otra alternativa que formar un gobierno de coalición o frente
popular con los liberales en posiciones dominantes, y con el PCP y el
PSP representados en el gabinete.
El
Movimiento de las Fuerzas Armadas no tenía un programa propio claro
excepto un vago antifascismo. El hecho de que eligieran a Spínola como
presidente es una prueba de su ingenuidad. Spínola calculaba que la
revolución se calmaría con el cansancio y la desilusión de las masas.
Creía que podría manipular fácilmente al Movimiento de las Fuerzas
Armadas ¾un movimiento de oficiales¾ que en ese momento pensaba en términos de democracia burguesa.
El
programa del Movimiento de las Fuerzas Armadas era impreciso. La
declaración del 25 de abril constaba de "libertades civiles, programa
de salvación nacional, elecciones generales y libres para elegir una
asamblea constituyente... una forma propia de vida política y social...
un gobierno militar como una fase de transición".
Todavía
el 6 de mayo Costa Gómez, ahora a la "izquierda", declaraba en Angola
que Portugal no tenía intención de retirarse". Cuando se le preguntó si
la Junta garantizaría la independencia si era el deseo democráticamente
expresado por el pueblo, respondió: "el futuro gobierno será quien lo
decida. La Junta tiene sólo una función limitada, restaurar la
democracia en Portugal".
Entre
bastidores, las embajadas imperialistas, especialmente la
norteamericana, presionaban a Spínola para que pusiera fin a la
revolución. Los aliados de la OTAN miraban con recelo al "cuco en su
nido", es decir, a los ministros comunistas del gabinete.
Spínola
en secreto confabulaba con las potencias imperialistas. La embajada
estadounidense garantizaba a las multinacionales en Portugal que se
restauraría la "calma" y que el PCP, y posiblemente el PSP, estarían
fuera del gobierno para finales de 1974.
Spínola
intentaba asumir un papel bonapartista con el apoyo del MFA, los
dirigentes del PCP y del PSP, sin política ni perspectivas,
especialmente este último, iban detrás de Spínola. Alvaro Cunhal jugó
un papel especialmente cobarde, el PCP presentaba a Spínola, a pesar de
su pasado, como un gran demócrata y un antifascista.
Sin
una organización flexible o general de los trabajadores y los soldados,
como las juntas o los soviets, que las direcciones del PCP y PSP no
tenían intención de fomentar, se produjo un movimiento elemental y
masivo hacia los recién creados sindicatos, la clase obrera sentía la
necesidad instintiva de organizarse en algún tipo de organización de
masas. Ahora, más del 50 por ciento de los trabajadores, un porcentaje
más alto que en la mayoría de los países industrializados, está
organizado en sindicatos poderosos. Era este poder lo que preocupaba a
Spínola y a los representantes del Capital.
Después
de la revolución de febrero y antes de la Revolución de Octubre, la
organización de las masas en sindicatos alcanzó un nivel nunca visto en
Rusia. Los trabajadores sentían la necesidad de organizarse como una
forma de conseguir mejores condiciones laborales y salariales, y
también para defender la revolución. La escasez de comida y el hambre
existente entre los trabajadores, les obligó a luchar por
reivindicaciones elementales. Los dirigentes del PCP y PSP intentaron
contener a los trabajadores portugueses. Los estalinistas decían que
las huelgas provocarían a la "reacción". Las concesiones arrancadas a
los monopolios en forma de subidas salariales, eran según ellos, un
"complot" para destruir la revolución. Decían que el "70 por ciento" de
la "industria" portuguesa empleaba entre 1 y 5 trabajadores y que por
lo tanto estos aumentos salariales ¡provocarían su bancarrota!
En
realidad la mayor parte de la industria estaba en manos de los bancos y
las "siete familias". La política de los dirigentes reformistas y del
PCP sólo podría haber llevado a la victoria del complot
contrarrevolucionario de Spínola.
Spínola y la intentona de reacción
En
todo momento las maniobras de Spínola iban dirigidas a preparar un giro
bonapartista de la revolución y para concentrar todo el poder en sus
manos. Este sólo era un paso para aplastar la revolución que desde el
primer día había sido su principal preocupación.
La elección de Carlos Da Palma como
primer ministro fue el primer paso para conseguir este objetivo, un
propósito ante el que estaban totalmente cegados el dirigente del PCP,
Cunhal, y el del PSP, Soares.
Su
política de coalición los hacía más incapaces para entender los
acontecimientos que incluso a los oficiales "no políticos" del ejército
que estaban acostumbrados a obedecer ordenes. Si hubiera dependido de
esos "dirigentes" hoy en Portugal habría una dictadura bonapartista
spinolista, con un carácter totalitario.
Carlos
Da Palma pidió al Consejo de Estado en Julio de 1974 poderes más
amplios anunciando su dimisión si no le concedían esos poderes. Cuando
se los negaron, él y otros tres ministros liberales dimitieron. Carlos
Da Palma había pedido celebrar en tres meses la elección del presidente para poder consolidar el poder de Spínola,
además de la redacción de una constitución provisional y retrasar las
elecciones a la Asamblea Constituyente hasta 1976.Se trataba pues de
una conspiración con la colaboración de la camarilla de Spínola. Este
último mantenía la presidencia y mientras esperaba una ocasión más
propicia. Pero tuvo que sacrificar al profesor Carlos Da Palma y en su
lugar se
encontró con un gobierno más a la izquierda. Pero lo más importante es
que no había podido conseguir el control del MFA que, aunque con paso
vacilante, controlaba las fuerzas armadas. Para agudizar la tensión Da
Palma explicó, con su estilo de catedrático liberal, que la situación
existente en Portugal (una oleada de huelgas, el movimiento
huelguístico de los trabajadores, la expulsión por parte de los
trabajadores de los directores que pertenecían al partido fascista, la
existencia de elementos de control obrero, la intervención de los
comités de empresa en la contratación y despido de trabajadores, las
manifestaciones de trabajadores....) "equivale a un clima de
indisciplina social que es completamente contrario a mi temperamento y
a mis ideas sobre la democracia", y por esa razón él había pedido mayor
poder.
El
profesor liberal, acostumbrado a la calma de su edificio de la
universidad pública custodiado por las botas y las armas de la policía
fascista, ¡debía tener en ese momento horribles pesadillas! Que los
obreros levanten la cabeza, pidan derechos y planteen sus necesidades,
a estos caballeros les parece una locura. En esto Da Palma plagia a
otro profesor liberal ruso, Miliukov, quien siendo ministro usaba casi
exactamente las mismas palabras para describir la situación de la
revolución rusa. A estos señores lo que les aterroriza es la ruptura
por parte de los obreros del insano asilo del capitalismo y por eso
necesitan a los carceleros fascistas.
Pero los dirigentes de los partidos obreros estaban ciegos antes este proceso. El periódico del PCP, Avante, condenaba las propuestas de Da Palma y apelaba a Spínola, que era el auténtico manipulador.
Después
de la salida de Da Palma, Spínola continuó su complot e intentó
preparar el ambiente para un nuevo intento. En un discurso pronunciado
el 18 de julio Spínola declaró que el "clima de anarquía no
puede continuar... cualquier intento de subvertir la disciplina será
considerado una traición contra la libertad y la democracia".
La primera crisis
del nuevo gobierno portugués tomó por sorpresa a los dirigentes del PCP
y el PSP (lo mismo ocurrió en las siguientes crisis). Carlos Da Palma,
el primer ministro liberal burgués, dimitió de acuerdo con Spínola. La
intención era empujar el gobierno hacia la derecha, librarse de
los ministros del PCP y más tarde echar del gobierno a los del PSP. Las
elecciones a la Asamblea Constituyente se habían pospuesto durante un
año para dar tiempo a los partidos burgueses a organizarse. Pero cada
vez más Spínola trataba de jugar algún tipo de papel bonapartista con
el semi-bonapartista Movimiento de las Fuerzas Armadas.
Las
masas reaccionaron con todas sus fuerzas. El Consejo del MFA rechazó
las sugerencias de Spínola. En su lugar, el general de brigada Vasco
Gonçalves se convirtió en primer ministro y la mayoría de los puestos
del gabinete pasaron a manos de oficiales de las fuerzas armadas.
Así
pues, el intento de empujar a la revolución hacia la derecha fue
abortado y adquirió un ímpetu mayor hacia la izquierda, ¡mientras
fracasaba la intentona de echar del gobierno a los ministros del PCP! Además
de no cumplir las garantías que Spínola había dado al embajador
norteamericano sobre la expulsión de los comunistas antes de final de
año, la posición de Spínola dentro del MFA se debilitó. Los oficiales
comenzaron a recelar de su actitud.
Que
la reacción no pudiese conseguir rápidamente una base de apoyo en
Portugal no fue debido a la perspicacia, clarividencia y comprensión de
los dirigentes de los partidos obreros. Si hubiera dependido de la
política que ellos defendían ante las masas seguro que Spínola habría
conseguido una base de apoyo.
Ellos
habían participado en la trampa ficticia y burguesa de presentar a
Spínola como un héroe de la revolución. Si hubiera dependido de ellos,
la revolución portuguesa habría seguido los primeros pasos de la
revolución española en 1931-37. En dos años la derecha republicana de Lerroux y Gil Robles consiguió ganar una base social y la victoria en las urnas.
Pero
el tiempo y la decadencia del capitalismo a escala mundial han tenido
su efecto. A la mayoría de los oficiales les había afectado la
sangrienta y agonizante guerra en África. Pero más importantes eran los
efectos de los quince años de guerra sobre las masas sin derechos y
bajo un régimen bárbaro de terror y tortura. Las masas habían vivido en
unas condiciones de pobreza y trabajo durísimo, sin perspectivas y con
una esclavitud diaria ineludible.
Las
masas buscaban alguna luz y alivio a su situación. El capitalismo
mundial ahora está minado. El febril giro a la izquierda de la clase
media en Portugal, y ahora en Grecia, es un síntoma de la agonía del
capitalismo europeo y mundial que afecta primero a la margen
mediterránea. Durante los próximos diez o veinte años probablemente
veremos acontecimientos similares, con un ritmo más o menos ligero, en
la mayoría o en todas las potencias europeas, y también en EEUU y
Japón. España será el próximo país. En el momento actual sólo en
Portugal suena la obertura de la revolución. La gloriosa sinfonía se tocará en España.
Debido
a la ausencia de una dirección revolucionaria en Portugal, en contraste
con la revolución rusa, la revolución ha tenido la peculiaridad de que
cada paso delante de la revolución ha estado provocado por los
movimientos de la contrarrevolución.
En
este sentido la clase obrera ha dado prueba de una voluntad aún más
determinada a resistir las intentonas de la reacción que en el curso de
la propia revolución rusa. La clase obrera es más numerosa y poderosa
que los trabajadores rusos en el momento de la revolución. El 10 por
ciento de la población rusa eran trabajadores industriales mientras que
en Portugal es el 33 por ciento. En España durante la revolución de la
preguerra, el proletariado suponía el 25 por ciento de la población.
Con la casta de oficiales radicalizada, las masas conscientes de las
guerras perdidas en África donde se habían malgastando la sangre y los
recursos portugueses, la implacable voluntad de las masas de no
regresar jamás al infierno del fascismo totalitario y el contexto
internacional, todas éstas eran condiciones muy favorables para el
desarrollo de la revolución. Si el proceso fue más lento en algunos
aspectos que en la revolución rusa fue debido a la "dirección", que ha
ido detrás de los acontecimientos y se ha dejado arrastrar por ellos,
en lugar de dar una dirección consciente al proceso. Ellos, "los
dirigentes", han seguido o se han visto arrastrados por el movimiento
de la base. Spínola, después de consultar a los dirigentes del ejército
en África, tuvo que decretar la "descolonización" o conceder la
independencia a las colonias africanas, simplemente porque las fuerzas
armadas, incluyendo a los suboficiales, no querían seguir luchando para
mantener los intereses del imperialismo portugués; aunque trató de
mantener Angola dada su gran riqueza todavía sin explotar.
Pero
al ver como se desarrollaba el proceso revolucionario, los monopolios y
el capital internacional cada vez estaban más alarmados. Spínola era el
foco de la reacción. Después de intentar quitarse de encima a las
fuerzas armadas, Spínola utilizó su posición de Presidente para iniciar
una campaña bonapartista. Se pospusieron las elecciones y comenzó una
campaña para un plebiscito bonapartista que confirmara como presidente
a Spínola, "el héroe de la revolución", y darle las bases para reunir a
los oficiales reaccionarios, al campesinado y la pequeña burguesía,
especialmente en el norte donde están los elementos políticamente mas
atrasados. Se trataba de movilizar a la reacción y después preparar el
golpe. En Lisboa, Oporto y otras ciudades aparecieron carteles
invitando a manifestarse
a la "mayoría silenciosa", eran los preparativos de lo que debería ser
una movilización contrarrevolucionaria en Lisboa para el 30 de
septiembre de 1974.
En
este proceso estaban implicados elementos sospechosos de pertenecer a
la antigua "legión portuguesa" y otros grupos fascistas simpatizantes.
Exigían la elección del presidente antes de las elecciones generales.
Los monopolios, y probablemente el capital internacional, pusieron
mucho dinero en la campaña.
Todos
estos preparativos estuvieron rodeados de declaraciones furiosamente
patrióticas en la prensa burguesa. Spínola nombró a los comandos
encargados de la guardia en el palacio presidencial. Decenas de miles
de reaccionarios debían ser trasladados en camiones hasta Lisboa
procedentes de Oporto y el norte del país. En la misma Lisboa también
se dejó ver la "mayoría silenciosa".
Comenzaran
a extenderse rumores de que la reacción, especialmente los antiguos
miembros de La legión Portuguesa iban a traer armas a Lisboa. Incluso
empezaron a circular noticias de que se estaban escondiendo armas en la
"Lisboa roja".
Las masas comenzaron a alarmarse. Mientras Cunhal suplicaba a Spínola desde las paginas de Avante
y en sus discursos para que hiciera algo para "detener a la derecha",
las masas comenzaron a actuar. En los últimos días de septiembre
empezaron a aparecer barricadas alrededor de Lisboa, en las carreteras
que llevaban al centro que es donde se iba a celebrar la manifestación.
Los
soldados de las patrullas se negaron a intervenir o miraban con
indiferencia cuando los obreros que defendían las barricadas desarmaban
a los oficiales. Muchos obreros estaban armados con revólveres y
rifles que algunos soldados les hablan entregado.
Todo
estaba preparado para un enfrentamiento sangriento. En este momento,
Spínola se dio cuenta de que no contaba con una fuerza real en la que
confiar. La atmósfera electrizante obligó al MFA a actuar. Exigieron a
Spínola que se definiese y suspendiera la manifestación.
Al
principio Spínola intentó luchar y les desafió. El 28 llamó hizo llamar
al palacio presidencial al primer ministro Vasco Gonçalvez y al
ministro Melo Antunez. ¡Y les arrestó! Intentó declarar el estado de
emergencia que le hubiera dado todos los poderes y el control de las
fuerzas armadas.
Costa
Gómez, comandante en jefe, se negó a firmar las órdenes a las tropas.
Aunque lo hubiera hecho no habría servido de nada porque las tropas se negaron
a moverse. Spínola se percató de que ni siquiera podía confiar en las
tropas de choque, porque éstas no estaban dispuestas a disparar sobre
otros regimientos o contra las miles y decenas de miles de trabajadores
que comenzaban a congregarse. A las dos horas Gonçalvez y Antunez
fueron liberados.
Al
ver fracasado su objetivo, es decir, la movilización de la reacción
contra las masas, Spínola tuvo que suspender la manifestación y dimitir.
Así
pues, el intento de unir fuerzas para un contragolpe derechista fue
derrotado, de nuevo por la movilización espontánea de los trabajadores.
Esto empujó a la revolución más hacia la izquierda.
Cunhal, dirigente del PCP, en una entrevista concedida al Diario de Lisboa,
tan tarde como el 25 de septiembre, suplicaba a Spínola, origen y
principal organizador de esta reacción, que "¡tomase medidas para
sofocar a la derecha¡", así pues, ¡suplicaban a Belcebú para que éste
hiciera algo contra todas los diablillos!
La
manifestación había sido organizada entorno a consignas como: "Contra
el clima de anarquía... no a los extremistas... se están preparando
nuevas formas de esclavitud". El discurso de Spínola del 10 de
septiembre fue una incitación para que se organizase la reacción
derechista. La legión Portuguesa y otros grupos de derechas y
fascistas, se movilizaron en apoyo a Spínola.
Quizá
el llamamiento más serio fue el que hizo el 26 de septiembre el
Sindicato de Trabajadores del Transporte para que los trabajadores se
negaran a trasladar a los manifestantes a Lisboa en tren o en autobús.
Entonces los organizadores amenazaron con traer a sus fuerzas en
camiones. Esto se frustró con el levantamiento de barricadas.
El
28 de septiembre militantes de izquierda desafiaron las órdenes del
ejército de abandonar las barricadas levantadas a las afueras de
Lisboa. Grupos de soldados armados, marinos y obreros, que llevaban
insignias de "seguridad" en las solapas, hicieron una redada en los
hoteles de Lisboa buscando a los "derechistas", es decir, a los
fascistas. Ya habían hecho todos los preparativos para un golpe que
coincidiese con la manifestación pro-Spínola.
Qué
lamentables e inadecuados fueron la política y los preparativos del PCP
y el PSP en vísperas de estos acontecimientos. Qué lejos estaban de la
previsión, análisis y comprensión de la dirección bolchevique de Lenin
y Trotsky en cada una de las etapas de la revolución.
Así,
el segundo movimiento decisivo de la reacción, en un momento elegido
intencionadamente debido a las presiones turbulentas de la revolución,
terminó en una derrota. Pero de nuevo Spínola conservó su posición y
se preparó para un nuevo intento en circunstancias más favorables. Por
en esta ocasión él había perdido la presidencia. Tuvo que dimitir
obligado por el MFA, aunque se ocultó a las masas que había intentado
dar un golpe de estado para tomar el poder en sus manos,
La
revolución había recibido un nuevo impulso hacia la izquierda con el
triunfo sobre la intentona golpista. A pesar de esto la inflación
continuó subiendo hasta alcanzar del 30-35 por ciento. El desempleo crecía rápidamente. La inflación profundizó la situación de empobrecimiento de las masas.
Los
grandes capitalistas y los bancos continuaban su resistencia pasiva. La
inversión cayó rápidamente y ocurrió lo mismo con la producción. Las
condiciones de las masas cada vez eran más críticas. Dentro de la
fuerza aérea un amplio sector de los oficiales estaba con Spínola. Pero
la mayor parte de los oficiales del ejército y la armada estaban en su
contra.
El
10 por ciento de los oficiales de la marina habían sido depurados a
través del retiro forzoso, 200 oficiales del ejército habían perdido
sus rangos. Así que una minoría importante y considerable de las
fuerzas armadas, particularmente entre los altos mandos, estaba con
Spínola. Pero la oposición de las masas y la inevitable resistencia de la tropa de los tres sectores del ejército, la aplastante mayoría tenían la misma actitud que los trabajadores¾ fue lo que consiguió echar por tierra el complot contrarrevolucionario de Spínola.
El MFA comienza a consolidar el poder
Sin
aprender nada de los acontecimientos de esta época, el PCP continuó con
su programa de la "revolución democrática". La misma postura de Stalin
tras la revolución de febrero en Rusia, con la diferencia de que los
comunistas portugueses habían abandonado el adjetivo "burgués" y
hablaban y escribían sobre la revolución democrática en abstracto.
El
congreso del PC del 29 de octubre de 1974, casi un mes después de los
acontecimientos de septiembre, continuaba todavía incluyendo sólo
reivindicaciones democráticas, con vagas referencias a la "liquidación
de los monopolios en el desarrollo económico", que puede significar
mucho o nada. Esto sólo conseguía despistar a sus seguidores. El
gobierno anteriormente se había enfrentado a una situación donde la
mayoría de los comités de empresa en muchas, sino en todas, las grandes
empresas e industrias habían acumulado una gran parcela de poder,
decidiendo la contratación y el despido de los trabajadores, pero ahora
de mala gana tuvo que reconocer el derecho a huelga. ¡Pero puso tantas
condiciones que habría sido más difícil hacer una huelga en Portugal
que en EEUU con la ley Taft-Martley Act o en Gran Bretaña con la Ley de
Relaciones Industriales de los conservadores británicos!
Las
huelgas de solidaridad estaban prohibidas y todo tipo de huelgas
"políticas". Pero el movimiento continuaba desarrollándose a pesar de
la timidez del PSP y PCP, y del hecho de que el MFA se limitaba
únicamente a reaccionar ante los acontecimientos. La ley de huelga se
aceptó antes de estos acontecimientos. Sin duda el propio Spínola tuvo
algo que ver en la redacción de las condiciones.
Mientras
el PCP guardaba silencio, a los dirigentes del PSP no les quedó otro
remedio que protestar. Así, el 2 de septiembre el PSP condenó la
"naturaleza restrictiva de la ley" e hizo referencia a la "actual
naturaleza dinámica de los conflictos laborales". En realidad,
comprendían la imposibilidad de contener la presión acumulada en el
movimiento obrero después de dos generaciones de represión.
Precisamente Spínola lo que deseaba dominar era este irresistible
movimiento de las masas.
Los
fascistas habían intentado reorganizar sus fuerzas en una serie de
partidos pequeños que se multiplicaban como las setas. Los monopolios
aterrorizados por la oleada elemental de las masas probablemente les
financiaban. No hay duda de que los grandes capitales internacionales
también contribuían.
En
septiembre y octubre el gobierno, temiendo que las masas se tomaran la
justicia por su mano, prohibió los grupos fascistas, muchos de cuyos
dirigentes "patriotas" eran miembros o elementos destacados de la
disuelta Legión Fascista.
El
2 de octubre el COPCON (la recientemente organizada policía de
seguridad del MFA) hizo una redada en las oficinas del llamado Partido
Progresista de Lisboa, encontraron "un arsenal"... y... "planes" que se
llevarían a cabo durante la manifestación de la "mayoría silenciosa".
Este partido, entre otros, fue prohibido.
Los
partidos "democráticos" de derechas estaban suspendidos en el aire sin
una base sólida. Las presiones de las masas se reflejaban de manera
distorsionada en la ultra izquierda que sitió al Partido
Socialdemócrata del Centro, donde había encontrado cobijo el antiguo
Partido Fascista del Gobierno.
Las
tropas enviadas a "proteger" el congreso simpatizaron con los
manifestantes de izquierdas y eso llevó a un comentarista extranjero,
burgués pero serio, a afirmar que estas acciones, estaban "¡provocando
el temor de un giro a la izquierda del gobierno y de una posible guerra
civil!"
La casta de oficiales de este gobierno semi-bonapartista ¾con el poder real de decisión en manos del MFA¾
comenzó a tantear el terreno para institucionalizar el Consejo de la
Revolución, y de este modo tener un control permanente o casi
permanente del estado y el país. Los dirigentes del PSP y del PCP les
defendieron. Pero la reacción, después de la destitución de Spínola,
estaba llena de miedo y rabia.
¡He
aquí un giro curioso en la Revolución Portuguesa! La reacción estaba en
contra del dominio y el control militar, mientras los "progresistas"
estaban clamorosamente a favor. Los dirigentes del PSP y del PCP no
tenían una organización que ofrecer frente a la del Estado mientras los
partidos de derechas, como en todas has revoluciones anteriores, no
tenían ni a las masas ni a la mayoría de la casta de los oficiales. Así
pues, el PPD lanzó un fuerte ataque contra las reuniones del MFA en
Aveiro. "Cuando vemos al MFA discutiendo la composición del gabinete,
examinando los planes económicos, pronunciándose sobre la ley
sindical, debemos preguntarnos, como se lo preguntan en los países
extranjeros: ¿estamos viviendo o no bajo un gobierno militar?
Hemos alcanzado el punto de ruptura... no podemos seguir viviendo en un
clima de guerra civil... no podemos tolerar durante más tiempo la
escalada del lenguaje revolucionario que adquiere un tono cada vez más
triunfante. Es vital que el pueblo no sea sometido a soluciones
revolucionarias que él no ha elegido...."
La Asamblea del MFA del 6 de febrero de 1975 entregó
todos los poderes a la Junta Militar para "depurar y dar moralidad al
modo de vida de la nación" y oponerse a las maniobras contra la
economía, la defensa nacional y el orden público.
Este
lenguaje era impreciso pero colocaba una bota militar clara y
firmemente sobre la nación. El 12 de febrero Mario Soares pidió a la
Junta que "disipe la inseguridad en Portugal haciendo públicos sus
objetivos y propósitos".
La Junta
en ese momento habría tenido dificultades en hacer esto porque ni ellos
mismos los conocía, ¡aparte de la determinación a mantener el poder en
sus manos e impedir el regreso del antiguo régimen!
En
este momento estaban en una posición similar a la de Castro en 1959,
después del derrocamiento de Batista. Es verdad que ellos no habían
tenido que llevar a cabo una arriesgada guerra de guerrillas, pero sí
se habían visto obligados a ponerse a la cabeza de un golpe militar que
había abierto de par en par las compuertas de la revolución, y ahora no
podían controlar tan fácilmente el movimiento.
El PPD (socialdemócratas) el 14 de febrero acusó a la Junta Militar de "socavar" el papel de los partidos civiles. Cada vez más el poder real estaba por decreto en
manos de la Junta. Así que decidieron que el MFA debería tener el
derecho a veto en la elección del presidente y controlar el gobierno
provisional y la asamblea constituyente, como también decidirían los
nombres de los miembros militares del gabinete e insistían en la
independencia del ejército, la independencia de la Junta y el
reconocimiento de su lugar en la constitución.
Aunque
en unas condiciones diferentes, estos eran los poderes que tenía la
Junta militar argentina antes de su derrocamiento. Era una constitución
por excelencia bonapartista, pero la burguesía portuguesa e
internacional no estaba dispuesta a apoyar este poder debido a su relativa independencia y carácter incontrolado. Especialmente porque parecían basarse en las masas en busca de apoyo.
Todos los seguidores más conservadores de Spínola en las fuerzas armadas se oponían a estas medidas Estaban a favor de la "reestructuración" de las fuerzas armadas para deshacerse de los oficiales radicales y con "inclinación revolucionaria". Decían que la reorganización "...no será fácil, pero si oficiales revolucionarios clave siguen en la política, entonces será imposible".
En
noviembre todos los antiguos generales de los tres sectores del
ejército se habían retirado forzosamente, los almirantes a los 62 años,
los generales de brigada a los 60 y los coroneles y capitanes de la
marina a los 57 años. ¡Hasta Spínola pasó oficialmente a la situación
de jubilado!
Cunhal
y el PCP siguieron obediente y estáticamente cada giro de las fuerzas
armadas. Soares, el dirigente del PSP, mientras que hablaba
demagógicamente de socialismo y dictadura del proletariado en un futuro
lejano, al mismo tiempo, adoptó una posición equívoca ante el poder
arrogante del MFA.
18
de enero Cunhal hizo algunas preguntas retóricas al líder del PSP:
"Diga quiénes son sus amigos y quiénes sus enemigos". "¿Es usted un
aliado del PCP y otras fuerzas democráticas contra el capitalismo y la
reacción, o está con las fuerzas conservadoras de derechas contra la
revolución?"
Soares
reflejaba las dificultades de los círculos burgueses y pequeño
burgueses ante las tensiones de la sociedad portuguesa y la actitud
radicalizada del MFA; intentaba asustar a los oficiales radicales y a
las masas con el espectro de la intervención de las potencias
capitalistas extranjeras. ¡En ese momento las maniobras navales de la
OTAN alrededor de Portugal obviamente eran un intento de amenazar a
las masas e incluso a los oficiales radicalizados!
El
dirigente socialista propuso al MFA un nuevo acuerdo y en una
conferencia de prensa el 27 de febrero declaró que "una profunda
escisión y finalmente un bloqueo económico o la intervención
extranjera, son posibilidades que no se pueden excluir o tomar a la
ligera". Esta era la atmósfera en que se maquinaba la nueva
conspiración spinolista. Igual que en la revolución rusa, las masas
ejercían una enorme presión sobre los patronos y éstos querían una mano
dura a la cabeza del Estado, es decir, volver a algún tipo de dictadura
policiaco-militar para detener la revolución. La expropiación de las
empresas estaba en el aire y querían librarse de este espectro.
El
21 de Febrero el gobierno aprobó el "Plan Económico Trienal" en el que
se veía la mano de los ministros del PCP y el PSP, ya que los
oficiales no se consideraban expertos en economía. ¡Qué parodia tan
miserable y travestida! Era menos radical que las medidas de la
posguerra en Francia e Italia; mucho menos que el programa del gobierno
laborista británico de 1945-51 e incluso que el actual. Preveía el
control estatal parcial de ciertas industrias (como el Consejo Nacional
de Industria Británico), la expropiación de algunas tierras y el
aumento de la inversión extranjera. Igual que las medidas que quería
introducir Tony Benn con el Consejo Nacional de Industria Británico y
existen en Italia con el IRI (Instituto de Reforma Industrial) y el
"Dirigisme", o en Francia y el "plan" -francés que preveía un mayor
control político de la economía, la inyección de ayuda estatal para evitar las bancarrotas y el desempleo,
mejorar los servicios sanitarios, además de una reforma de la Seguridad
Social. Al mismo tiempo, igual que lo propuesto por Tony Benn en el
Consejo Nacional de Industria Británico, el Estado se quedaría con el
51 por ciento de las minas más importantes, el petróleo, gas natural,
acero, refinerías, petroquímicas, electricidad, tabacos y fabricación
de armas, la mayoría de estas industrias en Gran Bretaña ya están totalmente nacionalizadas.
De
Melo Antunez, que supuestamente había redactado el documento, declaró
era un documento "revolucionario", aunque se apresuró a asegurar a las
grandes empresas que ¡los cambios no se producirían de una forma
"abrupta y violenta"!
Al
mismo tiempo, quizá para recompensar el arrojo del MFA, los dirigentes
del PSP y el PCP anunciaron "una política de ajuste de precios e
ingresos" para controlar la inflación. La clase obrera "debía tener en
cuenta la peculiar situación histórica en la que estamos...".
Antes de esto, en agosto de 1974, el MFA y el gobierno debían declarado su intención de nacionalizar los tres principales bancos: el Banco de Agola, el Banco Nacional Ultramarino y el Banco de Portugal.
Quizás
ese había sido uno de los factores que llevaron a la burguesía a
presionar a Spínola para la conspiración de septiembre. Ahora, una vez
más, estas tímidas medidas, unidas a la situación de "indisciplina" de
los soldados y la actuación de los obreros como si "ellos fueran los
dueños de las fábricas", echando y arrestado a los directores
fascistas, estableciendo elementos de doble poder y control obrero en
las fábricas e industrias, en general, hacían la vida imposible a la
clase gobernante, especialmente a las siete familiar. Y más allá estaba
la presión de las grandes potencias imperialistas, especialmente EEUU.
Podemos estar seguros de que la embajada estadounidense de manera
discreta empujó a Spínola... a la ruina.
Resulta
irónico que los dirigentes pequeño burgueses de los partidos obreros,
en condiciones revolucionarias, a veces se vean empujados por los
acontecimientos revoluciones y las presiones favorables de las masas, y
terminen yendo más allá de donde deseaban o pretendían llegar.
Que
los "dirigentes" no tenían idea de nacionalizar ni siquiera los
"principales puestos de mando" de la economía se pude ver en el "plan"
trienal. Veían el "socialismo" en un futuro distante y lejano, unas
cuantas generaciones más allá. Ahora era el momento de la revolución
"democrática". En particular el PCP se resistía a la presión de las
masas, predicando la paciencia para no "provocar a la reacción". Si en
esta ocasión su político no terminó en un desastre fue gracias a la
marea revolucionaria y a pesar de su política. Los dirigentes del PCP
no comprendían nada de la dialéctica de los acontecimientos. Si
dependiera ¾y todavía depende¾ de ellos la revolución ya habría sido aplastada.
El golpe del 11 de marzo: la reacción tiene que retroceder
Con
la revolución en su punto de ebullición, con la autoridad de los
empresarios minada, con una situación social y política indefinida, la
reacción no podía esperar a las elecciones. Sabían que las masas
rechazarían el capitalismo. Al igual que la burguesía rusa, comprendían
que la clase capitalista débil y aislada sería una pequeña minoría
dentro de la Asamblea Constituyente. Habían tenido que aceptar el
totalitarismo fascista o bonapartista, el control autoritario, durante
más de cincuenta años para salvaguardar su propiedad. Ahora sentían la
presión hirviente de la revolución y buscaban algún general que les
salvara con una nueva dictadura militar y así restablecer la "ley y el
orden".
El
11 de marzo de 1975, Spínola, un aventurero todavía menos afortunado
que Kornilov, decidió, probablemente después de consultar con sus
aliados de la OTAN y las embajadas de Europa occidental y EEUU, que
había llegado el momento de acabar de una vez por todas con la
revolución.
Como
Kornilov, movilizó a lo que no pasó de ser sólo un ejército fantasma en
Lisboa procedente de la base aérea de Tancos. Les dijo a los
paracaidistas y a los oficiales de aviación que habían sido la reacción
menos radical y el sector más importante del apoyo a Spínola, que los
tupamaros, ayudados por conspiradores anarquistas, habían tomado los
cuarteles de artillería de Lisboa. Este era el sector más radical de
las tropas donde los maoístas tenían algo de apoyo. Utilizaron unos
cuantos aviones para bombardear los cuarteles y pedir la rendición del
comandante. Los paracaidistas se dirigieron a los cuarteles,
intercambiaron disparos y hubo unas cuantas bajas.
Habían
preparado el apoyo de unidades terrestres y esperaban que dieran un
"apoyo considerable" en la intentona contragolpista. Hubo un
enfrentamiento entre el comandante de los paracaidistas, el capitán
Martín, y el capitán de artillería, De Almeida. Los cuarteles de la
guardia republicana fueron ocupados por oficiales spinolistas. El
oficial al mando, el general Ferreira, fue tomado como rehén. Spínola
denunció que los "comunistas dominaban el caos".
Pero,
en realidad, Spínola contaba con menos fuerzas que Kornilov en 1917.
Este último también engañó a sus tropas (la salvaje división de
montañeros del Caúcaso) denunciado una "rebelión bolchevique".
Pero
al producirse manifestaciones de masas de los trabajadores, las fuerzas
del contragolpe se desvanecieron. Los paracaidistas y los comandos
siempre son las fuerzas más conservadoras del ejército, formadas
habitualmente por los elementos más aventureros y salvajes de la
población, normalmente es la fuerza de elite de las tropas de choque,
la de más confianza y la última en resquebrajarse, como ocurría con los
cosacos en Rusia. Ahora los paracaidistas aseguraban a los
manifestantes "nosotros no somos fascistas". Se unieron a los
trabajadores y a las tropas del regimiento de artillería. Algunos
entregaron sus rifles a los manifestantes como prueba de su buena fe.
A
las pocas horas del golpe, la base aérea fue tomada. Spínola y la
mayoría de su camarilla de oficiales huyeron a España. El golpe se
evaporó, no en días sino en minutos. Ha sido quizás el intento de
contrarrevolución más ridículo y cómico de la historia. Fue un
fracaso precisamente debido a la atmósfera revolucionaria que estaba al
rojo y que afectaba no sólo a los trabajadores y campesinos, sino
también a toda la base de las fuerzas armadas. No había un sólo
regimiento en Portugal que pudiera ser utilizado para propósitos
contrarrevolucionarios.
El
pueblo portugués había vomitado al fascismo al que identificaba con la
dictadura del capital y no estaba dispuesto a permitir que se diera ni
un sólo paso hacia el establecimiento de otro régimen similar. Esta es
la verdadera explicación del fracaso.
Era
el tercer intento de canalizar la revolución hacia el bonapartismo
burgués. En la fábula cuando el pastorcillo gritó ¡qué viene el lobo!
por tercera vez nadie lo creyó, y fue devorado. ¡Pero en esta ocasión
quien sufrió el desastre fue el lobo de la reacción!
Unas
semanas antes del intento de golpe, en las elecciones para la junta
militar, se vio que Spínola tenía fuerzas dentro de la casta militar en
las que poda confiar dada la inclinación clara de algunos oficiales
hacia la reacción. Después de su dimisión de la presidencia había
mantenido contactos políticos y militares, sólo esperaban la
oportunidad para lanzarse.
Para
la asamblea del MFA fueron elegidos oficiales llamados centristas,
partidarios de Spínola, antiguos colegas y ayudantes suyos, en vez de
elegir oficiales radicales de izquierda, seguidores de Rosa Coutinho,
Gonçalvez y Carvalho. El propio Carvalho y tres de los cinco miembros
del Comité Coordinador del MFA fueron derrotados en las elecciones de
oficiales. Carvalho sólo consiguió mantener su puesto en la Asamblea
General como miembro ex-oficio, ya que era el jefe de la COPCON.
Era evidente un cierto giro a la derecha en el seno de los oficiales, lo que significaba un tremendo peligro para la revolución y sobre todo, porque los dirigentes obreros no alcanzaban a comprender sus repercusiones.
Al
darse cuenta de la situación, los oficiales radicales tomaron medidas.
Los oficiales derechistas seguidores declarados de Spínola fueron
destituidos. La estructura del Estado Mayor de las fuerzas armadas
cambió. Se formó una Junta Nacional de Salvación con plenos poderes
legislativos para "dirigir y poner en práctica el programa
revolucionario en Portugal". El comandante Correira Jesuino encabezaba
un consejo con poder para vetar la legislación del gabinete y de
legislar con o sin la aprobación del gabinete. La Asamblea General fue
remodelada, el ejército de tierra tendría 120 representantes, la armada
60 y la aviación otros 60.
En
el "Consejo Supremo de la Revolución" elegido por este organismo no
tenía ni un solo miembro que tuviese una graduación inferior a capitán.
¡Predominaban los generales de brigada, almirantes y comandantes de
aviación!
Marx
escribió que en los escritos de Hegel, pesados y aparentemente oscuros,
se podía ver la revolución en un momento histórico determinado. ¡Sólo
el genio creador de la historia podía depararnos el espectáculo de una
revolución en los vehículos de los generales y almirantes! Esto fue así
porque el capitalismo en Portugal estaba agotado, un país medio
colonial y semi-imperialista sin salida bajo el capitalismo después de
la pérdida del imperio. Al mismo tiempo, la dictadura militar burguesa
estaba completamente desacreditada incluso entre sectores de casta
militar debido a los cincuenta años de experiencia bajo la dictadura.
Pero
la razón principal del inmenso papel que jugaron los militares ha sido
la parálisis de las organizaciones obreras y la ausencia de un partido
y dirección auténticamente marxistas. En realidad, desde el inicio de
la revolución ¾el verdadero poder ha estado en manos de los trabajadores y los soldados¾ el MFA ha llevado el vacío provocado por el fracaso de las direcciones del PCP y PSP.
Los
cadetes (demócratas constitucionales), el partido de la burguesía
liberal en la revolución rusa, a la primera oportunidad se pasó al lado
de la contrarrevolución y apoyó a Kornilov, porque no había lugar en
Rusia para una democracia burguesa y porque era necesario para mantener
el capitalismo, controlar y dominar a los obreros y campesinos bajo las
bayonetas de una dictadura militar. De la misma manera, los partidos
"liberales" en Portugal (el PPD y otros) se vieron obligados a apoyar
la reacción spinolista. Por la misma razón, sólo veían "caos y
desorden... colapso económico y ruina" en la falta de disciplina de
los soldados, en la amenazante usurpación que suponían las
prerrogativas de gestión y otras "reivindicaciones no razonables", no
sólo de las trabajadores industriales, sino también de los
trabajadores de cuello blanco. No es una casualidad que en las
revoluciones rusa y española este fuese el comportamiento de la
burguesía liberal. Esto ya fue explicado teóricamente por el
leninismo-trotskismo sobre la base de la experiencia.
Nosotros ya pronosticamos que este sería el comportamiento inevitable
de los "demócratas" en Portugal, debido igualmente a la situación y
naturaleza del país, y también, por supuesto, a las condiciones de la
revolución en Portugal e internacionalmente.
Desgraciadamente,
para la dirección del PSP y PCP, estas consideraciones "teóricas" eran
un libro cerrado. Ellos eran hombres "prácticos" y buscaban la
colaboración de los capitalistas liberales en "su" revolución
democrática.
Consecuentemente,
que la burguesía liberal y sus partidos rechazaran la mano tendida para
colaborar en el "frente popular" para ellos significó una sorpresa
desagradable y una conmoción. No hay que agradecerles a ello que el
resultado no haya sido el mismo que en España o Chile. Sino que se ha
debido simplemente a la debilidad de la contrarrevolución burguesa y,
por consiguiente, a la ineptitud de su dirección.
Muchos
hombres de negocios fueron arrestados, incluidos siete 7 miembros de la
familia Espirito Santo que poseía uno de los bancos más grandes de
Portugal. También fueron arrestados Jorge y José Manuel de Melo,
directores de la CUF, el grupo de empresas más grande de Portugal.
Después todos fueron puestos en libertad.
Fueron
arrestados 131 conspiradores, incluidos el comandante de los
paracaidistas Rafael Durao y José Sánchez Osorio, dirigente del Partido
Demócrata Cristiano.
El
Consejo Supremo de la Revolución decretó la destitución de los
oficiales "incompetentes" y ordenó el pase a la reserva de cualquier
oficial que no estuviese dispuesto a realizar una declaración de
lealtad al MFA. Todos los militares implicados en el golpe del 11 de
marzo fueron expulsados y sus propiedades confiscadas. El tratamiento
para los oficiales hermanos implicados en el golpe fue excesivamente
suave y tolerante. Si la reacción hubiera triunfado ¾como en Chile¾
se abrían producido ejecuciones y creados campos de concentración para
los oficiales radicales, sindicalistas, socialistas y comunistas.
Los
oficiales radicales de izquierda actuaron con decisión porque sus
propias cabezas estaban en juego, lo mismo que el destino inmediato de
la revolución,
Detrás
del intento de golpe estaban los grandes capitalistas portugueses, que
contaron con la colaboración de los gobiernos de occidente y las
multinacionales instaladas en Portugal.
Como si formase parte de un acuerdo, los medios de comunicación de masas de algunos países, como
Gran Bretaña, la radio, la televisión y la prensa, inmediatamente
publicaron noticias deformadas para apoyar el golpe. Las elecciones,
previstas para seis semanas después, fueron ignoradas por estos
declarados constitucionalistas. ¡Una lección muy valiosa para la clase
obrera¡ Cuando los intereses del capital están en juego, el refrán "la
necesidad no entiende de leyes" se convierte en un principio.
Los
comentaristas de radio hablaban de una revuelta de los "moderados"
contra el primer ministro y el gobierno "comunistas". Por ejemplo, The Evening Standard,
un periódico británico, publicaba el siguiente titular:"¡Los moderados
se levantan contra el extremismo!" Toda la prensa describía la
situación como el último movimiento de los demócratas, obligados a
actuar contra la "anarquía" y el "caos" existentes en Portugal.
Todo
estaba preparado para apoyar a la reacción en la posible guerra civil.
La burguesía internacional no descartaba esta posibilidad. Durante
cincuenta años había guardado silencio ante los crímenes del anterior
régimen dictatorial, sólo veía "orden" y "tranquilidad"en el país,
apoyo popular a Salazar y Caetano. Desgraciadamente para ella, la reacción era demasiado débil. El aire
caliente de la revolución disipaba los vapores de la reacción. Se
apoyaba en unas fuerzas inseguras y fantasmagóricas. Esta es una
indicación de cómo ha cambiado la situación desde la revolución
española de 1931.
"El capitalismo en Portugal ha muerto" - The Times
Los capitalistas
y terratenientes portugueses habían perdido sus principales reservas de
apoyo en la población después de cincuenta años de dictadura, guerra
colonial y represión en África. Aparte de la chusma fascista ¾una pequeña minoría¾ y (probablemente) una minoría de oficiales, nadie apoyó el llamamiento de Spínola. El que ayer era el "héroe" de la revolución, no tenia hoy ni siquiera apoyo entre las fuerzas armadas.
El intento de golpe reaccionario para inclinar la situación a favor de los intereses del capitalismo fracasó, y el resultado, una vez más, fue impulsar la revolución más a la izquierda.
Las masas trabajadoras se levantaron contra el gran capital por que
comprendía que detrás estaba el espectral monóculo de Spínola.
Los
empleados de banca habían observado las transacciones financieras de la
oligarquía. Las transferencias al extranjero de decenas de millones de
libras de Spínola y sus conspiradores.
Estos
sectores, históricamente son un sector atrasado de los trabajadores
política e industrialmente (por su conciencia sindical). Las capas
avanzadas son los trabajadores industriales en el acero, ingeniería,
minería, transporte, etc.,
Las
direcciones del PCP y el PSP, hasta ese momento, habían engañado a
estas capas avanzadas planteando que la perspectiva de la
nacionalización y la revolución socialista sólo era posible a largo
plazo (décadas). Ahora era el período de la "revolución democrática" y
no había que provocar a la burguesía liberal y era necesario evitar que
cayera en brazos de la reacción.
Hasta
este momento las direcciones del Partido Comunista y Partido
Socialista, han jugado un papel incluso peor que los mencheviques en la
revolución rusa. Intentaron frenar las luchas de la clase obrera. Se
sometieron a los dirigentes militares. Intentaron obligar a los
trabajadores a "respetar" los derechos de la propiedad privada y a no
disgustar a los militares. Querían que los trabajadores aceptasen un
nivel de vida inferior y no hicieron nada contra los directores de
empresa que intentaban actuar como si todavía estuviera Caetano en el
poder.
Sus
perspectivas para la revolución eran las mismas que las de los
mencheviques en Rusia. Una generación de democracia burguesa antes de
poder hablar de "socialismo". Resultaba utópico pensar ¾decían¾
que en este Portugal tan atrasado, donde no se había llevado a cabo la
revolución democrático burguesa, fuera posible instaurar el socialismo.
Pero
el apoyo que los banqueros habían dado a la contrarrevolución hizo que
estallara la indignación entre los trabajadores de la banca. El PC no
estaba suficientemente implantado en sus filas e intentaba influir en
ellos confundiéndoles con sofisterías. ¡Los trabajadores de la banca
ocuparon los bancos y se negaron a abrir hasta que no fueran
nacionalizados! Los soldados, al igual que los trabajadores, eran
conscientes de los intereses que había detrás del golpe.
Además
a los oficiales que dominaban el MFA tampoco les gustaban los
financieros que estaban detrás del golpe. Sabían que habrían perdido la
vida si el intento de golpe hubiese tenido éxito. Como no tenían
ninguna de las inhibiciones de los timoratos líderes pequeño burgueses
de los partidos comunista y socialista, seguían la dirección que les marcaban los trabajadores.
Aceptaron los hechos y anunciaron la nacionalización de los bancos con
compensación únicamente a los pequeños accionistas que de otra manera
se verían perjudicados. Ocurrió el 14 de marzo, a los tres días de la
ocupación.
A
continuación los trabajadores de seguros siguieron el ejemplo de los de
la banca y ocuparon las compañías de seguros exigiendo su
nacionalización, y a nadie se le ocurriría calificar de vanguardia
revolucionaria, en ningún país, a los trabajadores de seguros. Esto
también fue apoyado por el MFA. Fue entonces cuando el MFA declaró que
el objetivo de la revolución, ex post facto, era el "¡socialismo!"
Lo
que hizo avanzar la revolución y la defendió de los ataques de la
reacción fue la actividad y la presión de las masas en cada una de las
etapas de la revolución. La fuerza motriz de la revolución ha sido
el movimiento de los trabajadores y los soldados, incluso sin una
organización como las juntas o los soviets.
Los
"partidos" tardíamente abrazaron el "socialismo" como su objetivo
inmediato, una vez que la casta de oficiales radicales lo había
convertido en un objetivo respetable. Y así quedaron atrás teorías
tales como la "etapa democrática" por la que teóricamente Portugal
tenía que pasar. La casta de oficiales, protegida e impulsada por la
iniciativa de las masas, había conseguido un cambio fundamental en
Portugal.
Los
bancos y compañías de seguros controlaban el 50 por ciento de la
industria de Portugal y una buena parte de la tierra. Así, al
confiscar lo más decisivo del poder financiero, lógicamente el MFA tuvo
que nacionalizar los monopolios. La mayor parte de la industria y la
tierra ¾más del 75 por ciento¾ están ahora nacionalizados.
Lo
mismo que Castro, el MFA tuve que encaminarse en una dirección que no
tenía ni la más mínima intención de seguir al principio de la
revolución.
Pero
al mismo tiempo, el MFA está decidido a mantener el poder en manos de
la casta militar. Los trabajadores y los campesinos, como ha dicho el
almirante Coutinho en una entrevista, "son demasiado ignorantes" para
poder confiar en ellos y entregarles el poder. En estas ingenuas
manifestaciones vemos los prejuicios innatos de la casta militar. Y
tampoco tenía la intención de entregar el poder a los partidos políticos.
En
1974, después del segundo intento de Spínola, un comentarista burgués
declaró lo siguiente después de proyectase la nacionalización de los
tres bancos más importantes: La nacionalización de los otros bancos de
Portugal no está prevista en el plan trienal... otros amplios sectores
incluidos los periódicos han sido nacionalizados... El primer ministro
(Gonçalvez) ha dijo que el gobierno no pretende nacionalizar toda la
economía..."
E1
10 de abril, unas semanas antes de las elecciones, el ministro militar
de comunicaciones sociales (los militares habían escogido la mayor
parte de las carteras del inoperante gabinete) declaraba que ¡quizá
había sido un error permitir la formación de partidos políticos en
Portugal!
De
este modo, el MFA debe conservar el poder decisivo durante tres de los
cinco años posteriores a las elecciones, en realidad, si de ellos
dependiese, lo tendrían de forma permanente. Como explicaba Correira
Jesuino: "después de todo, fueron las fuerzas armadas y no los
partidos políticos clandestinos o los intelectuales, los que hicieron
la revolución del 25 abril [1974]... Somos la vanguardia de esa
revolución y, por eso, tenemos derecho a asumir la dirección de la
nación..."
Tuvimos
que asistir al repelente espectáculo de ver al partido estalinista, con
Cunhal a la cabeza, apoyar acríticamente a los militares, muchos de los
cuales ahora sí deseaban honestamente defender la revolución y llevarla
hacia adelante, sin defender y explicar el poder obrero, algo que los
estalinistas han olvidado o que esta generación nunca entendió. A los
burócratas rusos les habría aterrorizado esa perspectiva porque
invocaría el espectro de la revolución política en casa.
Ahora,
Cunhal y el PCP hablan de las debilidades y los pecados de la
democracia burguesa. Frente a esto, plantean el "socialismo", es decir,
una versión idealizada del estado totalitario de partido único que
existe en Rusia y China, pero con la economía nacionalizada.
The Morning Star durante
unos cuantos números publicó material sobre esta cuestión, después
guardaron silencio. Los partidos comunistas francés e italiano, con su
inmenso poder y buscando la colaboración con los radicales y "sus"
demócrata cristianos, se mordieron la lengua con cierta turbación.
Debemos utilizar la confusión de estos partidos, incluido el PC español, como un medio de propaganda.
El
capitalismo internacional observa espantado la revolución en Portugal.
Son espectadores impotentes que no pueden, especialmente en este
momento, intervenir directamente, como hicieron contra la revolución
rusa, e incluso contra la revolución en Asia y en Vietnam. Además, éste
es el punto débil de Europa y puede tener una influencia enorme en la
revolución que se está desarrollando en el Estado español.
¿Bonapartismo proletario o democracia proletaria?
Las
elecciones generales en Portugal, aunque fueron un eco pálido, indican
el proceso de la revolución. ¡Explican por qué la burguesía se lo jugó
todo con un golpe militar para impedir la celebración de elecciones!
Las partidos "socialistas" tuvieron más votos
que en ninguna otra elección en historia , más que en las elecciones a
la asamblea constituyente celebradas después de la revolución de
Octubre en Rusia. Dos tercios votaron por el socialismo, incluidos los
votos del PCP, PSP, ultraizquierdistas y los votos en blanco a favor
del MFA. ¡Y esto con un 92 por ciento del electorado! Si incluimos el
26% del PPD (socialdemócratas), ¡tendríamos el 93 por ciento del electorado! ¡Sólo el 7 por ciento votó por un partido abiertamente burgués!
La
ausencia de un auténtico partido marxista y la falta de una idea clara
de lo que se debería hacer o un sentido claro de como dirigir el
proceso por parte de la dirección militar que en este momento está
llena de incertidumbres, llevó a considerar la posibilidad de un nuevo
intento de contrarrevolución burguesa. Esto explica las acarameladas
palabras de las potencias del MCE, incluida Gran Bretaña, y la
sugerencia del envío de ayudas y créditos procedentes de EEUU. Ayer
apoyaban a Spínola, hoy están enseñando a los gobernantes portugueses
las virtudes de la democracia, sin duda alguna, ¡pero una democracia
burguesa "plural"! ¡Están intentando ganar tiempo para que se organice
la reacción! Hay también un sector muy grande de los oficiales
silenciosos y con la cabeza baja en los que, de momento, pueden
confiar. A pesar de las nacionalizaciones generalizadas, no hay todavía
un plan económico centralizado. Las masas no están inmersas en la
administración y la dirección de la industria. La antigua burocracia
del servicio público todavía está en su mayoría intacta.
Ellos
esperan que si las masas se desilusionan con el desempleo, la
inflación, la disminución de su nivel de vida y la recesión, entonces
puede que un nuevo golpe tenga más éxito y consiga restaurar la
reacción. Por eso el MCE y EEUU hablan de ayuda con condiciones. Pero
un nuevo golpe electrificaría una vez más a las masas y sería una
garantía para llevar a cabo la nacionalización total.
Aunque
no se puede excluir totalmente, parece bastante poco probable un golpe
reaccionario burgués, ya que sólo provocaría nuevos movimientos de
masas y pondría en peligro (desde el punto de vista burgués) el arraigo
de los militares en la sociedad portuguesa.
Esto
sería un peligro aún mayor para la burguesía mundial que la situación
actual. No quiere echar a los gobernantes militares en los brazos de la
burocracia rusa, ya que juegan un papel relativamente independiente, de
momento, como nacionalistas portugueses.
Así pues, el MCE y EEUU intentan mantener la correlación de fuerzas que actualmente hay en Portugal. Como admitía The Times,
"el capitalismo en Portugal ha muerto". La clase dominante mundial
quiere sacar el mejor partido posible de una mala situación.
En
el momento actual, están esperando el apoyo de la reacción, de los
pequeños propietarios campesinos del norte, en quienes se pretendía
apoyar Spínola junto con algunos sectores de la oficialidad. Están
además apoyando el conflicto existente entre las dirección del PCP y el
PSP.
Según algunas fuentes, 7.000 ex-policías secretas portugueses armados están en España esperando la oportunidad para vengarse. Si
surgieran escisiones entre los oficiales, éstos, junto con algunos
mercenarios, podrían intentar intervenir en Portugal. Sin embargo, como
se ha visto en cada intento de la reacción, el peligro de la
contrarrevolución provocaría una reacción más extrema de las masas y
sin la intervención militar directa, incluso una intervención
extranjera fracasaría después de un terrible enfrentamiento sangriento.
Hay miembros del burgués CDS (Centro Democrático y Social), incluso
parlamentarios de la asamblea constituyente, que están manchados porque
han ocupado puestos dirigentes en las organizaciones fascistas. Uno fue
ministro en el gobierno de Caetano y otro, el general De Melo, estuvo
implicado en el golpe de Spínola. Estos están esperando reafirmar las
prerrogativas del capitalismo intentando provocar una escisión en el
Movimiento de las Fuerzas Armadas y también paralizar a la clase obrera.
Mario
Soares ha aceptado de mala gana el programa de nacionalizaciones como
una transición al "socialismo", pero está enfrentado al PCP en la
cuestión de los derechos democráticos abstractos. La burguesía de
occidente espera colocar una cuña en la situación para aprovecharse de
esta contradicción.
Si
Soares hubiera planteado la cuestión de un plan de producción
democrático basado en los soviets, la elección de soviets de
trabajadores, campesinos y soldados (Comités de Obreros y Soldados), el
control y la gestión de la industria y el estado por parte de la clase
obrera, el PSP sin duda habría conseguido el apoyo de la aplastante
mayoría de la población, de los trabajadores, soldados y campesinos. El
programa de Lenin, los famosos cuatro puntos para la dictadura del
proletariado o la democracia obrera, deberían haber formado la base de
un programa para la revolución.
- Creación y elección de soviets con derecho de revocación.
- Ningún funcionario puede recibir un salario más elevado que un trabajador cualificado.
- No al ejército permanente sino el pueblo en armas.
- No
a la burocracia. Todos los cargos públicos deben ser desempeñados
rotativaente por los representantes de los trabajadores. Los trabajos
del estado deben reducirse al control y la administración. Cualquier
cocinero debe ser capaz de asumir las funciones de primer ministro.
Un
programa como este defendido por dirigentes con autoridad, habría
obtenido un apoyo enorme en las filas del PSP y el PCP y entre sus
simpatizantes. Habría dado a Portugal una posición hegemónica en la
revolución de la Península Ibérica y después en toda Europa.
Pero
el programa de Soares es un programa impotente, quiere construir una
democracia burguesa allí donde han desaparecido las bases para esta
democracia. En realidad nunca existieron estas bases en la revolución
portuguesa. Durante un tiempo hubo bases para una democracia
proletaria, aunque sólo sobre una base nacional, o para una dictadura
burguesa, un nuevo y más feroz salazarismo. Ahora la elección está entre bonapartismo proletario o democracia proletaria.
Los
gestos vacíos de Soares no conseguirán otra cosa que irritar a la casta
militar. No impedirán que el PCP consolide, de una forma burocrática,
su implantación en los sindicatos y otras instituciones. Solo si
existieran soviets controlados democráticamente, que tuvieran el
control de la prensa y garantizaran el acceso a todos los medios de comunicación, sobre la base y en proporción al apoyo en los soviets, entonces
sí existiría verdadera libertad de expresión. Teniendo en cuenta la
organización y el control de la base en las fuerzas armadas, en la
industria y en el campo, la presión para obtener la democracia
socialista seria irresistible.
Pero
las llamadas vacías de Soares a manifestaciones sin perspectivas y sin
ningún objetivo o estrategia para tomar el poder, simplemente
desmoralizarán a la clase obrera. Los socialdemócratas resultan
bufones patéticos cuando llega la oportunidad de dar pasos decisivos.
Ocurre lo mismo con las manifestaciones y huelgas contra la provocación
y la violencia fascistas, sin estrategia y tácticas para tomar el poder
terminan convirtiéndose en algo vacío y permiten a los fascistas
incrementar su violencia cuando acaban las manifestaciones y los
trabajadores regresan al trabajo. Así pues, mientras los estalinistas
mantienen su control, Soares continúa adulando a los "generales
revolucionarios".
Nadie
ofrece una alternativa a las masas. No existe una organización
democrática y flexible de la base en la industria (aparte los
sindicatos) y en el ejército capaz de unir a todos sobre bases naciones
para oponerse al poder de la Junta de oficiales, y las organizaciones
sindicales están controladas burocráticamente desde arriba por los
estalinistas.
Sin lugar a dudas, aunque la Junta de oficiales revolucionarios tiene gran apoyo entre las masas, el voto masivo por el PSP fue un voto contra el totalitarismo.
Las
masas quieren el socialismo, pero quieren un socialismo libre y
democrático. Han sufrido dos generaciones de terror autoritario y no
quieren una nueva dictadura totalitaria. Este es un elemento a favor en
la. posición del PSP. Sin embargo Soares, que se aprovecha de este
sentimiento que está en el ánimo de las masas, no da respuestas
concretas.
Por
ejemplo, un verdadero plan de producción que incluyera el monopolio del
mercado exterior, implicaría la participación a nivel local de las
obreros en las fábricas, a través de análisis profundo de los recursos
del país, su fuerza y su debilidad, implicando a científicos,
ingenieros y técnicos, delegados sindicales e incluso amas de casa para
elaborar uno o dos planes de producción quinquenales. Las masas deben tener la última palabra a
través de la representación local y después en la representación
nacional de las juntas de trabajadores. Pero con el cretinismo
parlamentario Soares sólo conseguirá quedar suspendido en el aire
dentro de una asamblea constituyente ineficaz.
Tal
como están las cosas ahora, las decisiones finales serán tomadas por la
Junta de oficiales en colaboración con sus obedientes marionetas, los
lideres del PCP. La misma Junta será arrastrada por la marea de los
acontecimientos. Al no tener una filosofía elaborado y actuar de manera
empírica, irán dando bandazos de un lado a otro. Sin la intervención de
la revolución en España, que animará y aumentará la actividad y el
entusiasmo de la clase obrera, tenderán a soluciones totalitarias a la
cubana, porque esas serían la inclinación y formación naturales de los
militares, propensos al "orden" y la "limpieza" en las relaciones
sociales.
Los
dirigentes del PCP, expertos en demagogia, manejos y trucos
burocráticos.,sobrepasarán completamente a Soares, por que el PSP no tiene una alternativa programática para el poder.
Consecuentemente, los
oficiales del MFA que en este momento están temblorosos e inseguros
ante sus próximos movimientos, algo poco habitual en una casta militar
entrenada, inexorablemente se verán obligados a tomar en sus manos todo
el control. Esto ocurrirá sobre todo debido a las vacilaciones y
disputas en la asamblea constituyente.
Intentarán
dividir el PCP o formar un partido de las fuerzas armadas en el que se
pueden amalgamar otros partidos. Soares tiene la esperanza de conseguir
apoyo de los partidos socialistas y comunistas de Europa occidental,
pero es una carta insignificante frente a las realidades del poder en
Portugal.
El
MFA está jugando un papel bonapartista sin los añadidos de un estado
policiaco-militar, pero los mismos acontecimientos les obligarán a
tomar una decisión. Existe un vacío de poder. La burguesía en su
mayoría ha sido desposeída. Sólo quedan algunos remanentes de las
grandes empresas. En ese sentido el poder está ahora en manos del
proletariado, pero los oficiales controlan el poder del Estado
formalmente, en el sentido de que controlar los cuerpos de hombres
armados significa tener el control del Estado. O se obliga a los
oficiales a someterse y participar en los comités de soldados, donde
serían una pequeña minoría. o inevitablemente barrerán hacia un lado a
los "políticos chapuceros y desavenidos".
Ya
hay señales de esto. Los oficiales están criticando la pusilanimidad,
cobardía e indecisión socialdemócratas de Soares. Hablan de la
necesidad de un "verdadero partido socialista" y el PCP presionará en
ese sentido.
El
control de la prensa, la radio y la televisión está ya en manos de los
intelectuales del PCP que los han empezado a burocratizar con los
métodos habituales del estalinismo incontrolado. El episodio de República no es casualidad.
El
hecho de que el PSP abandone o no el gobierno por esta cuestión, no va
a significar una diferencia fundamental en los acontecimientos porque
no ofrece una alternativa organizativa concreta. Si permanece dentro,
su destino estará sellado. Si abandonan, será únicamente un gesto de
cretinismo parlamentario porque sólo provocaría el regreso a la
retórica y las manifestaciones, sin un objetivo determinado y sin una meta organizativa a la vista que pudieran adoptar las masas.
Independientemente
del giro o matiz peculiar que se le de, Portugal está en el camino
hacia una forma de bonapartismo proletario o un estado obrero
deformado o desfigurado. Las bases económicas están ya ampliamente
sentadas. "El socialismo", en el idioma de los dirigentes
socialdemócratas y estalinistas, y también de los dirigentes del MFA,
ya se ha logrado. Los lideres militares están examinando los modelos.
El sistema cubano, que no difiere en lo esencial del de China,
Yugoslavia, Rusia etc., parece ser el modelo favorito. En un momento u
otro, la lógica de los acontecimientos de una burocracia militar
incontrolada les obligará a hacer algo.
Portugal
es todavía uno de los países mas retrasados de Europa. En Europa
occidental es el país más pobre y atrasado, con un 40 por cieno de
alfabetismo. Un imperio perdido, una industria débil, problemas
extraordinarios problemas en una agricultura atrasada, las dificultades
y los problemas se acumulan.
Con
una perspectiva puramente nacional y sin la concepción de una
democracia obrera y el socialismo internacional, que debido a sus
propios recursos e iniciativas parece algo completamente ajeno para los
soldados gobernantes, sin mirar hacia la revolución española en busca
de ayuda para la creación de una Federación Socialista Ibérica, como un
paso hacia una Europa Socialista, Portugal inexorablemente se
encaminará hacia un estado totalitario de partido único.
La
tragedia de la revolución portuguesa hasta ahora radica en que no hubo
una tendencia que, basándose en la teoría probada del marxismo y la
historia de las tres últimas décadas, fuera capaz de intervenir en el
PSP y ganar el apoyo de su base para una política marxista.
Como
pronosticó nuestra tendencia, las masas se dirigieron en decenas de
miles a las organizaciones tradicionales de la clase obrera, el PCP y
el PSP, y por millones a los sindicatos.
La
vanguardia obrera activa estaba organizada en el PCP y en el PSP. Si
desde el principio hubiera existido un grupo marxista consciente dentro
del PSP, habría crecido rápidamente sobre la base de la experiencia de
la revolución, gracias a una interpretación, anticipación y explicación
correctas de los acontecimientos. Hoy sería la mayoría de las JS y
posiblemente también en del PSP.
La escisión del PCP antes de la revolución
y la formación del seudo-maoísta MRPP, demuestran hasta que punto han
sido aplastadas las ideas del marxismo revolucionario por el desarrollo
de los acontecimientos mundiales. Este grupo ha jugado un
papel peligroso y provocador en la revolución, con sus tácticas
irresponsables y ultraizquierdistas. Le ha seguido el juego al PCP con
su fantástica resurrección del "social fascismo" para calificar al PCP.
En
su mayoría es una organización estudiantil, si ha conseguido algo de
apoyo entre los trabajadores se ha debido principalmente al oportunismo
del PCP y sus métodos burocrático. A los trabajadores serios no les
agradan sus tácticas infantiles e histéricas. Como dijo uno de los
oficiales dirigentes de la Junta, sus enloquecidos métodos dejan libre
el camino a los provocadores, como son las sectas ultraizquierdistas y
anarquistas italianas. Actúa como una fuerza desorganizadora y
desmoralizante. Juega a la revolución de una manera infantil y
estudiantil. Su misma existencia se debe al vacío creado por la desaparición temporal de una corriente de masas marxista.
Se alimenta del oportunismo y la ausencia de democracia en el PCP, pero
como tendencia seria no tiene futuro en el movimiento de masas.
Simplemente dará excusas a la Junta para que en el momento adecuado
utilice la represión.
Los estudiantes pueden jugar un papel importante si están preparados principalmente para aprender tanto como para enseñar, dentro
del marco del movimiento obrero. Fuera, sin la disciplina del auténtico
marxismo, sus peores aspectos y los más débiles se convertirán en
dominantes.
Volviendo
a las cuestiones serias, la "propia vía al socialismo" de los militares
portugueses, está sembrada de terribles problemas y dificultades.
Aparte de Checoslovaquia y, posiblemente Polonia, los demás países en
los que triunfó el bonapartismo proletario durante la posguerra,
existía un proletariado débil y disperso.
En
el caso de Polonia, donde las ciudades fueron prácticamente destruidas,
Varsovia reducida a escombros (En Varsovia vivía un porcentaje, sino la
mayoría, importante del proletariado) y donde los campesinos
constituían la aplastante mayoría de la población, no era posible que
el proletariado jugara un papel independiente del PCP y el Ejército Rojo.
No
había un partido marxista revolucionario. El proletariado estaba
diezmado, especialmente los trabajadores cualificados. Su sección judía
fue prácticamente exterminada. Sin una victoria del proletariado en
uno de los países más industrializados, no podría existir la
perspectiva de un poder obrero democrático.
Hacía
falta algunos años para cerrar las heridas, con el desarrollo de la
industria polaca. En 1956, y más aún en 1970, el proletariado polaco
demostró que sus grandes tradiciones no estaban muertas. Demostró su
odio hacia los nuevos terratenientes, la burocracia y el deseo de una
auténtica democracia obrera.
En
el caso de Checoslovaquia, se daban unas circunstancias similares. El
PC era la organización dominante en el proletariado. Había recuerdos
amargos de Munich y su rendición al yugo de un opresor fascista
extranjero. No había ninguna organización que defendiese la perspectiva
de la democracia obrera. Los estalinistas se aprovecharon del
chovinismo y las masas alemanas fueron expulsadas de las provincias de
Bohemia y Moravia. En este ambiente fue posible imponer un
totalitarismo estalinista antes de que las masas entendieran sus
implicaciones.
En el caso de Rusia el proletariado, que se había levantado hasta el punto de conseguir el poder
y la democracia obrera por primera vez en la historia, sucumbió bajo el
mando de la burocracia, debido al aislamiento de la revolución y al
atraso Rusia. (Ver documentos y material de Trotsky).
El
ala bolchevique fue derrotada en la lucha entre 1924 y 1927,a pesar de
las tradiciones de Octubre y la existencia de un partido
revolucionario, y esta derrota se debió al fracaso de la oleada
revolucionaria internacionalmente, y la derrota de los trabajadores en
Alemania, Gran Bretaña y China. El proletariado, cansado, exhausto y diezmado, cayo victima de los usurpadores burocráticos.
Hoy,
a escala mundial, la situación es completamente diferente. Sin
exagerar, sería correcto decir que el capitalismo europeo y mundial
esta preñado de la revolución, incluso aunque esté en sus etapas
iniciales. El proletariado mundial es inmensamente más poderoso que en
ningún otro momento histórico. Se producirán acontecimientos inmensos y
el proletariado entrará en acción en un país tras otro.
La
burguesía mundial es decadente y está en decadencia. La euforia de la
posguerra se ha evaporado. La burguesía está parcialmente desmoralizada
mientras espera con terror los acontecimientos. No ha podido intervenir
militarmente para aplastar la revolución en un pequeño país situado en
el extremo opuesto de Rusia, dentro del continente europeo. Esto es
mucho más peligroso para el capitalismo mundial que la revolución
estalinista deformada de Vietnam. La mayor contradicción de los
acontecimientos mundiales es la ausencia de un fuerte partido
revolucionario. Esta es precisamente la contradicción que tenemos
obligación de eliminar.
En
el actual panorama de los acontecimientos mundiales es bastante poco
probable que la burocracia militar portuguesa pueda consolidar una
dictadura bonapartista proletaria policiaco-militar, debido a la
revolución que se aproxima en el Estado español y las repercusiones que
esto tendrá en Europa y en elmundo. Las revoluciones portuguesa y
española se desarrollarán paralelamente, actuando e influyendo la una
sobre la otra. Esto hará muy dificíl, sino imposible, burocratizar
completamente la revolución portuguesa y consolidar un estado
estalinista totalitario en Portugal (progresista en cuanto que
suprimiría el capitalismo y los latifundios e impulsaría un mayor
desarrollo de las fuerzas productivas, y por consiguiente, estas
medidas deberían ser apoyadas por la clase obrera internacional, pero
ese mismo régimen sería reaccionario en cuanto a la ausencia de
democracia obrera y al estrecho y ciego nacionalismo). Esto sentará las
bases para nuevas contradicciones y la necesidad de una segunda
revolución política para instaurar una democracia obrera.
Mayo 1975
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