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Horas dramáticas en Bolivia: como decíamos hace tiempo
llegó el momento de la rendición de cuenta entre los opuestos intereses
sociales, y llegó en el momento más desfavorable y de la manera peor no solo
para el gobierno, sino para todo los explotados del país. Frente al
interminable impasse en el cual morían la Asamblea Constituyente
y las pequeñas reformas sociales promovidas por el ejecutivo, el MAS intentó
forzar la mano, sin una verdadera comprensión del cambio en las correlaciones
de fuerza entre las clases sociales. Un cambio que profundice el proceso
revolucionario y abandone cualquiera ilusión en el capitalismo, andino o como
sea, es ahora indispensable para revertir la situación: las esperanzas de que
este cambio se dé residen ahora en gran parte en el movimiento obrero, minero y
campesino y sus organizaciones.
El 5 de
Noviembre el mismo Evo Morales marchó en Santa Cruz en defensa de la Renta Dignidad, un
bono para los mayores de 60 años que se tendría que pagar con el IDH, los
impuestos procedentes del gas. Solo que - como avisamos - estos ingresos
pagados por las transnacionales del sector, aunque aumentados después de la
nacionalización, resultan insuficientes para todo, y también mal repartido
entre las administraciones departamentales, en su mayoría en mano a la derecha,
que ha obstaculizado el proyecto.
La Asamblea Constituyente a solo tres semanas de la fecha establecida para acabar su trabajo, el
14 de Diciembre, seguía empantanada en el debate sobre la capitalidad, y
prisionera de acuerdos político que frustraban las expectativas populares.
El 20 de
Noviembre una marcha multitudinaria en El Alto, organizada y encabezada por la Central Obrera
Regional y la Federación
de Juntas Vecinales, cerca el Senado, expresando toda la ya incontenible rabia
y frustración por parte de los que protagonizaron las jornadas del Octubre 2003
y del Mayo-Junio 2005. Faltaban pero la
COB, las organizaciones campesinas y mineras, el magisterio y
las demás organizaciones sociales que también fueron y son vanguardia de la
insurgencia popular. Esto exactamente por efecto de la situación del país,
económica y política, y por los errores y las ilusiones del gobierno en el
capitalismo, la concertación y los organismos internacionales, que en todos
nuestros artículos anteriores hemos analizado, y que, como también afirmamos,
han producido un clima generalizado de pasividad y en algún caso decepción
entre los asalariados, especie del área urbana.
De El Alto salen
flotas hacia Sucre para vigilar la Constituyente. Los
campesinos de Chuquisaca y Potosí amenazan con cercar Sucre, la sede de la Asamblea cuyo pedido de
capitalidad plena había monopolizado la escena política, por la incapacidad del
oficialismo de focalizar el debate sobre las grandes cuestiones sociales:
tierra, trabajo, justicia, seguridad e inclusión social.
El MAS decide
instalar una sesión de la
Asamblea en un cuartel militar a unos kilómetros del centro
de la ciudad. La resistencia en Sucre es impresionante: la ciudad vive la
prueba de fuerza como una provocación directa y sale a las calles con los
universitarios a la cabeza. Los oligarcas no esperaban que esto. En dos días de
violentos enfrentamientos se registran varios heridos, unos graves, y dos
muertos, asesinados por golpe de bala de calibro diferente a lo que son en
dotación de la policía: si esta información oficial será confirmada de las
futuras investigaciones resultará claro que, como en Venezuela, una derecha ya
armada va creando sus propios mártires. La policía decide unilateralmente
replegarse, retirarse y abandonar totalmente la ciudad, ahora en plena anarquía:
casi un motín policial. El comandante general de la policía, interviniendo a
Radio Panamericana, acusa entre otros el gobierno y los dirigentes cívicos de
Sucre por haber hecho de los uniformados "que son hijos del pueblo, víctimas
sin culpa de la violencia ciega".
En este caos los
constituyentes del MAS y algunos de sus aliados aprueban el índice de la nueva
Constitución, que es inmediatamente rechazada por la oposición, por vicios
jurídicos y reglamentarios. En Cochabamba miles de ciudadanos acuden al cabildo
convocado por el prefecto de derecha Manfred Reyes Villa, que pide la renuncia
de Evo. En Santa Cruz jóvenes de la Unión Juvenil Cruceñista asaltan sedes del
gobierno central y casi linchan un policía. El prefecto de derecha Rubén Costa
llama los jóvenes de Santa Cruz y la población a armarse para "defender la
democracia". El Comité Cívico pro Santa Cruz llama para el lunes a una marcha
contra el gobierno que se anuncia masiva.
Un irreconocible
Evo Morales, inseguro y transfigurado, aparece a la televisión en la tarde del
domingo solo para declarar que "los responsables serán perseguidos", asegurando
de no haber dado ninguna orden de disparar, sin ni siquiera aludir al tema de la Constitución.
Esto es el
resultado de dos años de errores y vacilaciones hacia las transnacionales, el
imperialismo, la oligarquía y una derecha que parecía callada y barrida con las
elecciones del 2005. Esto es el efecto de haber abandonado las Tesis de Pulacayo,
la enseñanza y el análisis de Marcelo Quiroga Santa Cruz y los demás grandes
revolucionarios de la historia del país. No todo es perdido, aunque nunca como
hoy la situación se ha hecho difícil.
Los compañeros
de la Corriente Marxista
Internacional en Bolivia somos todavía un pequeño grupo que recién se va
conformado, y hace tiempo va avisando del peligro inminente. Decidimos con
nuestras fuerzas sacar la declaración pública que vamos a repartir en forma de
volante, y discutir en los medios que nos darán espacio. Es un llamamiento
dirigido a los compañeros del MAS, de la
COB, de la
FSTMB, de la
CSUTCB a unir los esfuerzos para defender y profundizar la
revolución en nuestro país. Solo esto ahora puede unir nuevamente el país,
devolver el carácter de clase al proceso revolucionario, y finalmente salvar
todo nosotros de días peores.
Volante de los camaradas de El Militante Bolivia - Corriente Marxista Intarnacional
La multitudinaria marcha hacia el Senado encabezada
por los trabajadores de El Alto el 20 de noviembre pasado marca una nueva etapa
en el histórico proceso revolucionario y de insurgencia popular de Bolivia: las
expectativas de cambio asfixiadas y decepcionadas en el papeleo y la maraña
parlamentaria y tiroteadas por un conflicto institucional sin salida vuelven a
ser bandera de la participación y movilización de las masas.
La misma batalla
de Sucre de estos últimos días y el clima de guerra civil que se vive en el
país son de hecho y en primera instancia consecuencia y culpa directa del
continuo saboteo económico y político de la oligarquía y del imperialismo. En dos años han obstaculizado cualquiera forma de
cambio y reforma social, por tibia que sea; han tramado con sus planes secesionista
de abierta eversión a la integridad del Estado y a la democracia que ahora
hipócritamente declaran defender; con sus métodos desenmascaradamente fascistas
han amenazado y pisoteado cualquier derecho civil, especie en el Oriente; han
alzado la voz para defender la transferencia del IDH a sus prefecturas, el
propio IDH producto de la sangre
derramada por los trabajadores en el Octubre negro, ¡los mismos que estos
oligarcas vende patria sin vergüenza tildaban en ese entonces de chavistas y
autoritarios!
La marcha de El Alto y en general la coyuntura actual
del país es la prueba irrefutable del fracaso de la política de conciliación y
concertación con la derecha, la oligarquía y las transnacionales. Como vamos
sosteniendo hace dos años este gobierno es un producto de la insurgencia
popular: su único recurso y fuerza es la constante movilización social, la
única "bifurcación" frente a él es la de basarse en la movilización de las
masas o caer en la trampa de la oligarquía y del imperialismo. De consecuencia para nosotros los trabajadores y campesinos
la única forma de lograr el cambio que necesitamos es la lucha, la
participación, la huelga, como en el 2003 y en el 2005.
Por dos años a lo contrario nuestras vidas y futuro
han sido rehenes de las ideas y de la política del sector del gobierno
encabezado por el Vicepresidente Álvaro García Linera cuyo papel ha sido
exactamente el de hacer concesiones, conciliar, pactar con la burguesía
nacional y el imperialismo, de hecho fortaleciéndoles y frustrando las
movilizaciones populares: recordamos la vigencia de la Ley Tarija en materia
de hidrocarburos, las trampas en la
Ley de Convocatoria de la Asamblea Constituyente,
que le ha empantanado un debate reglamentario sin fin, y la tensión con el
primero Ministro de Hidrocarburos Andrés Soliz Rada, empujado a la renuncia en
plena lucha con las transnacionales, y los acontecimientos del pasado enero en
Cochabamba. En este sentido las responsabilidades del gobierno por los
enfrentamientos de hoy tienen nombre y apellidos, el de Álvaro García Linera.
¿Dónde nos ha llevado la ilusión de poder pactar los
cambios estructurales que queremos con la burguesía nacional y el imperialismo?
-
a una reforma
agraria que sin afectar el así dicho "latifundio productivo" mantiene una
agricultura caracterizada (según un estudio de la CEPAL) por la "la baja capacidad de tecnificación agraria"
y la "subexplotación de las tierras",
o sea por una cultura extensiva, fundamentalmente sesgada hacia la exportación,
que no necesita ni quiere inversiones productivas y ¡es incapaz de colocar la
oferta alimenticia de Bolivia - según datos oficiales de la FAO - mas allá de la de la
África desértica! Y sobre todo mantiene intacta la estructura del capital
boliviano, fundamentalmente latifundista y financiero, con los más grandes terratenientes
- dueños del 91% de la tierra cultivable - que son entre los principales
accionistas de todos los bancos del país, junto al gran capital europeo y
norteamericano, los mismos bancos que ahogan en la deuda y la hipoteca los
pequeños campesinos, los minifundistas y los asalariados;
-
a tener
necesidad de importar alimentos, ¡hasta las papas!, con graves efectos sobre
los precios;
-
a la escasez de
diesel y la total falta de inversión productiva en el sector de los
hidrocarburos, porque, como declarado al semanario Pulso por el representante
de la Cámara
Boliviana de Hidrocarburos "no hay reglas claras", o sea no hay por parte de ellos interés a la
inversión, tanto que el país podría no cumplir el compromiso con Argentina
sobre los volúmenes de gas exportado para el 2011;
-
a entregar
nuevamente nuestra riqueza de minerales a las transnacionales del sector y las
roscas locales a través de la concesión directa, de los contratos de riesgo
compartido, de la compra venta de minerales del préstamo otorgado a pequeños
concesionarios, mientras que los mineros asalariados luchan a muerte en defensa
de su fuente de trabajo y los que trabajan para las cooperativas se debaten en
la ausencia de previdencia y derechos sociales, el trabajo infantil y la muerte
que tocó ya a 22 tan solo en este año, tan solo en el Cerro Rico de Potosí;
-
a caer
nuevamente en la trampa de la deuda - interna y exterior - para hacer frente al
mismo tiempo a los gastos corrientes y a las reformas sociales. La misma
condonación de la deuda nos obliga a recurrir a préstamos más gravosos en
términos de tipos de intereses y de servicio a la deuda, como lo que "nos
brinda" por ejemplo la
Cooperación Andina de Fomento, que tiene como su accionista
el Banco Bisa, que tiene como su accionista la Compañía Minera
del Sur, que tiene como su accionista Goni;
-
a creer que
garantizando seguridad jurídica se estimulaba la inversión productiva y se
industrializaba el país, cuando la única inversión productiva
-
programada y
ejecutada procede por el Estado, o por transnacionales interesadas a nuestras
materias primas que llevarán aquí su tecnología y sus reglas: gran mecanización
del trabajo, poca mano de obra súper explotada para maximizar los beneficios.
¿Cómo podría ser diferente? El capital nacional está interesado a la ATPDEA, las preferencias
arancelarias de EEUU, a mantener sus "tierras gordas" y sus privilegios
sociales y estrangular con sus tipos de intereses los prestamistas. El capital
internacional nos ve dentro la óptica de la división internacional del trabajo
en el mundo capitalista como país exportador de materias primas sin valor
agregado, o sea como una silla de oro con un pueblo molesto sentado por encima;
-
a no poder
sacar, una vez más, ningún beneficio verdadero de nuestros recursos naturales: el
aumento de las exportaciones de materias primas favorece la sobrevaluación de
la moneda nacional que a su vez favorece la importación de manifacturas dejando
el país sin ninguna posibilidad ni interés privado a la industrialización. Una
ventaja para una menoría en desmedro de los demás.
El efecto principal de todo esto es la mezcla de
camisetas en la cancha a la hora de la batalla decisiva: se ha permitido
dividir el país entre departamentos y no entre clases sociales, entre
campesinos y ciudadanos y no entre explotadores y explotados.
El gobierno, las
organizaciones sindicales, obreras, mineras, campesinas y populares tienen
ahora la tarea histórica de reconstruir la unidad del país y el carácter de
clase del proceso revolucionario, que pertenece en primera persona a los
trabajadores y campesinos de Bolivia, y por ellos tiene que ser defendido.
Contra la arremetida, el saboteo económico y político
de la derecha el gobierno debe pasar a una contra ofensiva a todo campo
apoyándose en la movilización de las masas: en primer lugar no volviendo a la
concertación; derogando todos las leyes origen de la década de neoliberalismo
desenfrenado que nos redujo a la miseria, como el DS 21060 o el 2028, que en
estos mismos días llama a la huelga los empleados públicos en nombre de iguales
derechos sindicales; interviniendo de manera estructural en el tema de las
jubilaciones, todavía en mano del gran capital financiero internacional, como
el de la española BBVA, y atados a la extrema volatilidad de la bolsa valores;
nacionalizando los bancos, las empresas y las haciendas que están en la primera
fila de la guerra económica de la derecha; centralizando los recursos
económicos para promover planes de obras públicas que generen trabajo estable y
desarrollo infra estructural, y no, como ahora, trabajo precarizado, con bajos
salarios y altos costos para el Estado, en ventaja de contratista y proveedores
de material de construcción, como aquel Samuel Doria Medina que entre sus
actividades, incluida la de dirigente nacional de UN el partido del sector de
la burguesía que llama con insistencia a la concertación, es también mayor
empresario nacional del cemento.
Por otra parte llamamos
la COB, las
organizaciones fabriles, la vanguardia minera, las organizaciones sociales y
los mismos activistas del MAS a no quedarse con los brazos cruzados:
-
conformar brigadas de autodefensa frente a la
inminente posibilidad de un actuar contrarrevolucionario;
-
convocar y preparar una huelga general nacional con
marchas en todo el país para defender, reorientar y profundizar el rumbo del
proceso revolucionario.
Un paro que sea:
-
contra la
oligarquía, la derecha, el imperialismo y su saboteo, en defensa del proceso
revolucionario;
-
por la derogatoria
de todo los decretos fuentes de la política neoliberal y de desigualdad entre
los trabajadores;
-
por una nueva seguridad
social fundada en una ley de jubilación solidaria y en el seguro sanitario
universal;
-
por la
nacionalización total de nuestros recursos naturales bajo el control de los
trabajadores mismos;
-
por la
nacionalización de las grandes empresas de alimentos, de los latifundios y de
los bancos, comenzando por aquellas que están protagonizando el saboteo y la
guerra económica;
-
por la devolución al
pueblo del proceso constituyente a través de las Asambleas Populares y
Originarias.
Socialismo o barbarie: ¡ahora es cuando!
Que viva la revolución boliviana
Que mueran la oligarquía y el imperialismo
El Militante -
Bolivia
Corriente Marxista Internacional
Info: 72439678 -
6245285
www.elmilitante.org
- www.marxist.com
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